2015-05-24_INE_aprueba_segunda_candidatura_a_Ebrard

Por Juan Tlalpan. San Agustín de las Cuevas, Tlalpan D.F., a 20 de mayo de 2015.

He estado pensando sobre el affaire de Lorenzo Córdova, el presidente del INE.

Primero surgió el tema sobre su corrección política. La discusión parecia centrarse en si era adecuado que un mexicano blanco, políglota, y exquisitamente educado familiar y escolarmente, se burlara con un lenguaje florido y despectivo de dos interlocutores indígenas, haciendo especial énfasis la incapacidad de éstos para pronunciar correctamente el español. Pensé que exigir su renuncia por ese tipo de incorrecciones políticas, de las que muy pocos estamos libres, era una exageración, especialmente cuando faltan escasos 15 días para las elecciones federales. Hoy ya no estoy tan seguro que no se lo merezca, aunque por razones diferentes, que luego diré.


En segunda instancia, surgió, por la manera como él se disculpó, el tema del espionaje político y la pregunta de si no era el Consejero más bien víctima que victimario. En esta cuestión me escandalicé menos y menos tiempo, pues en seguida recordé cuántos pasos no han dado la democracia y la libertad merced a filtraciones de los planes, las actitudes y las actividades secretas de hombres investidos con poderes especiales. Muchos hicieron notar que éstos no pueden pedir el mismo grado de privacidad que tienen los ciudadanos, y creo que tienen razón: si los ciudadanos estamos sometidos a toda clase de supervisión, monitoreo y espionaje, inclusive ilegal, ¿por qué los funcionarios no? Además de que una doble vida tiene en su caso consecuencias mucho más trascendentes que las de un particular. Están en su derecho de procurarse toda la privacidad que puedan (buscar y destruir micrófonos ocultos, fingir sus actitudes, etc.), pero no pueden justificar los hallazgos embarazosos alegando que las evidencias que los inculpan fueron obtenidas ilegalmente.

Entonces vino el tercer tema distractor: la extorsión que se habría tratado de infligir al Estado mexicano y su sistema democrático de gobierno; extorsión de la que Córdova nos había librado, ninguneando a unos impostores quienes ni representan a los 17 millones de indígenas que viven en México y quienes quizás ni son indígenas ellos mismos. Aquí me sentí más cómodo, porque  se vio muy halagado mi sesgo a favor del Dr. Córdova (no lo conozco pero sé que es miembro distinguido de la UNAM) y en contra de las violaciones a las reglas del fair play. Me pareció claro que ni el INE ni México pueden dejarse extorsionar con amenazas de impedir las elecciones, como las que blande la CNTE y la CETEG. Y según la manera como lo relató Córdova, de eso había tratado justamente la reunión con Hipólito Arriaga Pote y Mauricio Mata Soria, supuestos líderes de una organización informal llamada “Gobierno Nacional Indígena”. ¿Pero realmente hubo amenaza? Y aún si la hubo, ¿está justificado que Córdova ignorara la afectación a sus derechos políticos, de la que se dolían ante él los activistas, y la petición que le llevaban, alegando que el INE no discute bajo amenaza?

“TLALPAN: TENEMOS UN PROBLEMA, Y ES REAL.”

Después de pasar por estos tres temas distractores, creo que el tema de fondo está a punto de aclararse. Como Arriaga y Mata dijeron desde un principio, ellos querían tratar el importantísimo tema de la democracia en México, de sus insuficiencias sustantivas. Es una lástima que este tema haya sido sepultado tanto por fariseos como por defensores por su insistencia en problemas menores de relaciones públicas, de privacidad estratégica y de ética de la negociación.

Es en este tema profundo de democracia en el que el Dr. Córdova Vianello, como el resto del consejo directivo del INE, resultó estar abajo de sus responsabilidades oficiales. Y no sólo él y el INE, sino la Suprema Corte inclusive.

EL PROBLEMA INDÍGENA

El problema de fondo es si la petición que ellos le hicieron era justa; o, visto desde el otro lado, si fue injusto que Córdova echara en saco roto sus quejas, no prestando oídos a su tema sino a su prosodia.

Cuando sugerí que él había hecho mal en ignorarlos (más que en imitarlos) alguien me respondió en días pasados: “¿Y qué querías que él hiciera? ¿Que se sumara al bloqueo de las elecciones, como se lo planteó Hipólito, o que hiciera algo para que ganen los candidatos de ellos?”

A lo que respondí que, en efecto, me habría gustado verlo hacer algo de la segunda especie. Ver que Córdova, ver que el INE, ver que la Suprema Corte hagan algo para que ganen candidatos indígenas.

No quiero sugerir que nombren diputado o senador a Arriaga Pote, sin trámite alguno de por medio. Pero sí que se dé a la minoría indígena algunas facilidades para acceder a un número proporcional de escaños, digamos, un 10%. Mi razón es que, cuando una minoría de ese tamaño (10% de la población) posee hoy sólo dos diputados (si es que éstos no son impostores), y además cuando se trata de una minoría notoriamente marginada en lo económico, resulta evidente que se enfrenta a algún impedimento especial, que le hace inaccesibles el Congreso, y por ello, todo lo demás.

Considero que Lorenzo Córdova debería haber escuchado esta queja con especial interés, y en vez de ello, la ninguneo. Pienso que todos los demás consejeros del INE son tan insensibles como él a este tema, aunque no los hayan grabado en un desliz como el de Córdova y por más que nos quieran impresionar debatiendo sesudamente las posibles violaciones a los derechos humanos de su ojiazul colega de clase Marcelo Ebrard, para devolverle una candidatura que el Tribunal Electoral le rehusó. ¡No mamen! ¡Dedicaron todo su tiempo y cacumen a este caso fallado y cerrado, pero carecieron de interés suficiente para escuchar en serio el problema de derechos políticos de los indígenas!

Y por cierto, para que haya democracia y para que se resuelva el problema de la marginación económica de los indígenas no se necesita que llegue al Congreso un blanco que afirme representarlos, como Marcelo Ebrard o Andrés Manuel López Obrador. Lo que se necesita, lo que ellos necesitan es llegar por sí solos a los Congresos, para poder defender unos intereses que sólo ellos mismos conocen. ¡Eso sería democracia, no buscar vacíos legales que permitan poner a los blancos que navegan con la falsa franquicia de ser sus abogados!

Y si el INE tiene que modificar la ley y ponderar la balanza para que ganen los candidatos de los indígenas, que lo haga. No sería el primer caso de acción afirmativa en una democracia liberal.

De hecho, ya en México las mujeres tienen privilegios electorales diseñados para que ellas accedan a más candidaturas y curules, aunque quizás no estén muy bien diseñados.

Canadá, tiene curules destinadas a representantes de los pueblos nativos que se aliaron con la Corona Británica para derrotar a los independentistas del siglo XVIII.

En los EEUU, la Suprema Corte ordenó, al equivalente americano del INE, que volviera a trazar los distritos electorales, de modo que coincidieran con los grandes núcleos poblacionales negros, pues de ese modo, si allí no gana un candidato negro, lo hace una candidata negra.

¿Por qué Lorenzo Córdova no pudo ver la importancia del asunto que le llevaban? ¿Cómo fue posible que pasara bajo sus narices sin que lo detectara? No lo sé. Tal vez le pareció que sus interlocutores no tenían las importantes credenciales que Ebrard. Tal vez no iban recomendados. O tal vez cree que la solución al problema indígena depende de meter al Congreso a abogados blancos, como Ebrard–a cuyo caso sí dedicó su tiempo, su atención y su voto de Consejero Presidente.

DISQUISICIÓN DEL CONSEJERO CIRO MURAYAMA SOBRE LA SUPUESTA VIOLACIÓN GRAVE DE LAS GARANTÍAS CIVILES DEL EX JEFE DE GOBIERNO Y EX REGENTE DE LA CIUDAD, DON MARCELO EBRARD CASAUBÓN.

“El pecado de Lorenzo” no fue, en conclusión, que haya imitado burlonamente y en privado a los emisarios del autodenominado Gobierno Nacional Indígena, sino carecer de oídos, tiempo y voluntad para atender un serio problema de democracia que hay en este país; mientras que derrochó tiempo y cacumen en encontrar los vacíos legales que permitieran colar al Congreso a un político con el mérito de haber sido amigo y colaborador de Carlos Salinas de Gortari, de Manuel Camacho, de Andrés Manuel López Obrador y de Alejandro Encinas.

El INE podría ayudar basta a remediar el problema indígena si siguiera el método que los EEUU siguieron de redistritar, y asegurar así que haya tantos distritos nuevos como núcleos poblacionales indígenas de más de 400 mil habitantes (o si fuera preciso, hasta de menos). En Chiapas, en Oaxaca, en Guerrero, en Michoacán, en la Sierra Gorda, en Yucatán, etc. Pero ésa es sólo una propuesta. El grupo autodenominado Gobierno Nacional Indígena tiene otra, que consiste en otorgarles una cuota de plurinominales a sus candidatos–como ya hace hoy el INE con las mujeres.

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