Blog del tlalpense preocupado por siempre tener a su servidor bajo la vista.

Nunca ningún político mexicano ha dejado de decirnos que somos una nación de leyes, un Estado de derecho, pero la ilegalidad se impone. La teoría no tiene semejanza con la praxis. La venta ambulante está reglamentada y nadie obedece la ordenación; es prohibida en una zona, se mueve dos pasos y todo queda bien. ¿Para qué hablar de la piratería? Las marchas desquician a la ciudad, la contaminan, provocan caos, pérdida de horas-trabajo y nadie se atreve a meterlas en orden. Atenta contra la libertad, dice Ebrard. No importa que atente contra quienes tienen derecho de libre paso. Arbitrariamente cierran calles para festejos inútiles y abren rutas para ciclistas, en una ciudad plagada de automóviles y mal servicio de transporte público. Los capitalinos sufren el autoritarismo del GDF y la tiranía de las minorías. Padecemos un populismo innecesario que ha sido un problema histórico: lo ofreció Santa Anna, lo confirmó Echeverría, más adelante López Obrador lo sacó del cajón del olvido y ahora un playboy llamado Marcelo Ebrard lo entrega a raudales. ¿Dejamos de lado la inseguridad?