CRÓNICA René Avilés Fabila (Opinión) 21/12/09
Marcelo Ebrard se ha convertido en alcalde de alcaldes, algo semejante, pero en un contexto pacífico, al jefe de jefes que hace unos días fue abatido. El milagro se dio: la ciudad más poblada del mundo, llena de carencias, vicios y defectos, ahora es la sede desde donde Marcelo orientará a sus pares para tener metrópolis bellas, seguras y de finanzas sanas. Me permito discrepar del nombramiento. Nacido en el DF, hijo de padres asimismo nacidos aquí, no puedo sino aceptar que estamos ante un extraordinario negociador, un político que supo engañar a un alto número de alcaldes que si han venido a México, seguro lo vieron desde un lujoso hotel de Santa Fe, porque sencillamente yo he visto a esta hermosa capital pasar de ciudad de los palacios a mancha urbana llena de baches, vendedores ambulantes, insegura, con problemas sociales y políticos que el propio alcalde propicia.
La belleza no se perdió por culpa del PRD, ya venía de lejos el proceso destructivo, pero se aceleró desde que Rosario Robles, hoy actriz y locutora, se hizo cargo del gobierno capitalino. Con el paso de Andrés Manuel López Obrador y de Marcelo Ebrard, la ciudad, en más de una zona, parece Irak, en otras da la pinta de zona perdida, sí, donde gobierna Clara Brugada, impuesta por López Obrador y ratificada por el alcalde de alcaldes.
El DF no es una urbe, realmente es una anticipación del infierno. Uno puede pasar horas varado en las calles porque los amigos del PRD decidieron cortar las avenidas principales, me refiero, entre otros al SME o a los compañeros que no conformes con golpear Oaxaca, ahora cada vez que pueden le atizan a nuestra sufrida capital, los de la APPO. Baches, calles sin ningún señalamiento, obras que se eternizan, derribo masivo de árboles, privilegios para los automóviles, un transporte público pésimo, las calles en manos de vendedores ambulantes que ofrecen en venta toda suerte de artículos piratas, narcotienditas, policías ineficientes y gordos, ningún respeto a los bellos barrios, menos a las grandes avenidas, y el famoso Zócalo convertido en una tienda de campaña descomunal donde destruyen el poco sentido nacionalista que tienen los jóvenes.
Las obras de infraestructura de Ebrard, como antes las de AMLO, no son sólo para ahorcar al capitalino, sino para obtener recursos para sus campañas políticas. Éstas además, son incongruentes, ya que por un lado quieren desestimular el automóvil y por otro lado hacen vías rápidas para ellos, en lugar de invertir en vivienda, en el Metro o en el drenaje profundo, que buena falta hace. Las carencias son muchísimas, además vivimos bajo la ley de la selva: cada quien hace lo que quiere. Cada delegado es una especie de rey y no piensa que forma parte de una ciudad que debiera estar articulada; maneja su trozo de poder, como una ínsula. Pero a Marcelo eso no le importa, sólo busca su lucimiento personal con miras al 2012.
La pregunta es ¿por qué los alcaldes eligieron a don Marcelo Ebrard, su alcalde? ¿Qué los hizo pensar que el DF es un modelo de ciudad, donde no existe la contaminación y la gente pasea por las calles con plena certeza de que no será agredida? ¿Han vivido aquí, recorrieron zonas marginales, vieron los ofensivos grafitos, la prostitución en vía pública, calles repletas de basura, inundaciones cuando llueve poco más de lo debido, ruido insoportable, linchamiento de policías? ¿Qué los hizo darle ese título a uno de los mayores charlatanes que el DF ha permitido luego de López Obrador? Sólo puedo aventurar una explicación, quizá dos. Una, no conocen el DF, no lo han padecido, no han visto su gradual deterioro y el de sus habitantes. Dos, los amigos cercanos de Marcelo cabildearon con tino y agudeza y entre personas que no tienen la costumbre de engañar, les dijeron que la ciudad era un paraíso. ¿Nadie les ha dicho que las protestas han llegado a la UNESCO donde ven que el DF como patrimonio de la humanidad es un fracaso, que todos los días sufre agresiones sin que a Marcelo le interese salvo una cuestión: ser candidato presidencial por el PRD? Evidentemente no.
Asombrado vi fotos de Marcelo Ebrard pedaleando una bicicleta en las calles de Copenhague, protegido por policías, igual que aquí. ¿El que un demagogo notable se subiera en la bicicleta para la fotografía los convenció? ¿Cuántas veces lo hace en México, si acaso una por mes y eso cuando siente que ha subido de peso?
Bueno, pues ahora tenemos varios orgullos: el árbol navideño más alto del mundo, el mayor número de baches y sin duda la cifra más notable de vendedores ambulantes y de sitios donde se expenden productos ilegales. Habrá que añadir que don Marcelo Ebrard es ahora el jefe de jefes, perdón, el alcalde de alcaldes. No hay duda: podemos exportar la demagogia al mundo entero. En el DF no hay vehículos, sólo una hermosa vegetación que abruma. Tampoco miseria, sólo abundancia. Los vendedores ambulantes son filósofos que intentan conocer la psicología callejera.