- “¡Eres un culero”, le gritaron afectados de la colonia El Arenal; Ebrard se limitó a mirar.
- ¿Por qué Peña Nieto sí puede y tú no?”, apenas el jefe de Gobierno Marcelo Ebrard puso uno de sus zapatos limpios en el piso y los reclamos le cayeron encima.
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Como los canales venecianos soñados por Mariagna
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MILENIO Miriam Castillo y Carlos Gutiérrez 08/02/10
Los vecinos comienzan a perder la paciencia. El lodo, el olor a cloaca que no se quita y la inevitable sensación a humedad les ha restado cualquier dejo de tolerancia. Una mezcla de inconformidad y sorpresa fue lo que causó la llegada de Ebrard a la colonia El Arenal cuarta sección. Los vecinos, a gritos, reclamaron que la ayuda sólo llega a los perredistas. Los víveres, las colchonetas y las cobijas alcanzan para unos cuantos.
“A penas ayer empezaron a trabajar en esta zona, ni tú te acordaste de nosotros Marcelo, y ahora sí vienes porque el nivel del agua ya bajó, por qué no viniste hace unos días, para que vieras como estábamos, nada más visitaste a tus cuates”, increpó una de las vecinas de la calle Tixtla. La mujer asegura que son casi cuatro días de vivir como si fuera el borde de un lago, con los zapatos sin secar y comida cruda, porque no hay estufa que aguante tanta agua. Afuera, la calle huele a suciedad. Un olor penetrante que sale de las coladeras, de las casas y de los autos.
La calle Cox Cox, que cruza la colonia a la mitad, parece un río, sobretodo por las lanchas que la recorren de punta a punta con gente a bordo. La cuota es de diez pesos por el viaje para evitar que se pudran los zapatos. Por eso, cada vez que pasa un camión rotulado con logotipos del Gobierno del Distrtio Federal, llueven los reclamos.
Es una lluvia más intensa que la del jueves pasado. Las mujeres reclaman leche para sus hijos y comida para sus padres. Desde el segundo piso de una casa que parecía ser azul, antes de la tormenta, las vecinas gritan groserías a cualquiera que decida escucharlas. No es para menos, un auto que fue arrastrado por la corriente rompió la reja de lo único de su patrimonio que había permanecido seco: una papelería. Se fue reblandecido el papel de china, serpentinas y globos que se mezclaron con botellas de cloro y envases de agua vacíos.
Era un caos, había desorganización y el recorrido culminó con visitas a las casas inundadas por aguas negras, lo que provocó una notoria molestia en el equipo que acompañaba a Ebrard. Los encargados de la seguridad del jefe de Gobierno lo rodearon para evitar que siguieran los reclamos; sin embargo, a las quejas se unieron los gritos: “¡eres un culero!”; Ebrard se limitó a mirar de reojo.
Los vecinos agarrarón valor y subieron el tono de su protesta: “¿Crees que con escobas y botecitos de pino nos vas a callar? Tú sabes que no y ya no vamos a votar por los del PRD, porque son unos culeros”. El titular del GDF trató de minimizar el problema ignorándolo, y casi al momento llegó la ayuda para las familias, “vinimos a esta calle porque teníamos entendido que no les habían llegado los apoyos de mi gobierno”, expresó justificando su visita.
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