Por Gabriela Romero para La Jornada. México, DF a 9 de febrero de 2010.
Esta generación debe ser más justa, acabar con el olvido a los adultos mayores y terminar con la exclusión o la persecución de las personas por sus ideas, color de piel o preferencias sexuales
Éstas fueron las palabras del jefe de Gobierno del Distrito Federal, Marcelo Ebrard, al entregar nuevas tarjetas de pensión alimentaria a ciudadanos mayores de 68 años. (...)

El jefe de gobierno del Distrito Federal espetó que este programa tendría que aplicarse en todo el país.
"No se trata de sueños guajiros”, dijo, "como muchos de los detractores dijeron cuando la administración perredista propuso sus creación."
En la entrega de las tarjetas en el Auditorio Nacional, Abel Hernández Rivera, un ciudadano de la delegación Tlalpan, aprovechó para gritarle:
De inmediato el reclamo que fu apagado por las personas cercanas que empezaron a clamar, “Marcelo, Marcelo”. Éste se apresuró a dar por concluido su discurso.
Al salir Abel Hernández, el detractor, argumentó que Ebrard habla de equidad pero no la respeta. Señaló que el grito se debió a las injusticias cometidas por Higinio Chávez, actual delegado en Tlalpan, pues éstas ocasionaron la muerte de Irene, su hermana y ex trabajadora de base en la Delegación Tlalpan.
Su molestia, según dijo en entrevista posterior, se debe a que el mandatario no lo ha querido recibir para exponerle el caso de su hermana quien fuera despedida por el delegado en Tlalpan, Higinio Chávez.
Relato que Irene Hernández Rivera era directora de finanzas de esa demarcación y que a pesar de que se encontraba
enferma y que debía recibir tratamiento de hemodiálisis, además de que también estaba
embarazada, fue “injustamente” despedida. A la postre, Irene falleció el pasado 2 de diciembre sin que sus empleadores la apoyaran en materia económica, acusó.
Le hicimos llegar una carta a Marcelo y nada más nos dijo que en su gobierno no debe pasar eso, pero no hizo más. Higinio no quiere recibirnos. Sí, estaba enferma y ellos la acabaron de matar y no nos quieren recibir, no dan una respuesta. Por el contrario, Higinio me amenazo. Sólo quiero que se haga justicia, que el jefe de Gobierno me escuche.
Así concluyó Abel; al tiempo que era jalado del brazo por su madre, temerosa de las represalias.
Después, cuando todos habían abandonado el recinto, etre sus paredes todavía seguían resonando los alardes del gobernante:
Esta generación debe ser más justa. (...) Se debe pensar ... cómo podemos hacer para que nuestro país sea más próspero y sobre todo justo. (...) ¿Se podría hacer?, ¿se trata de un sueño guajiro?, ¿se trata de algo que podamos lograr?
Más info en: La Jornada, Excélsior y el Diario de Yucatán.
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