Ebrard, en picada
EXCELSIOR Martín Moreno 11/1/03/10
Eclipsado momentáneamente por el escándalo de las alianzas PAN-PRI, un asunto ha comenzado a crecer como bola de nieve: el desplome político y las posibilidades electorales de Marcelo Ebrard. En unas cuantas semanas, el falso izquierdista va en caída libre en las encuestas, mientras AMLO se destapa como candidato presidencial por el PT y se mantiene en la pelea. En nuestra columna del pasado 23 de febrero, apuntábamos que hay una alianza entre Ebrard y López Obrador: mientras el primero sería el abanderado presidencial del PRD, el segundo lo haría por el PT y Convergencia para que, sobre la marcha de las campañas, Marcelo declinara en favor de Andrés Manuel y así apuntalar su camino a Los Pinos. Esta posibilidad se mantiene.
Sin embargo, algo alarmante sucede con la posición política de Ebrard. Practicar un gobierno con rasgos populistas, proclive a la frivolidad y a las acciones inútiles —pistas de hielo, playas artificiales, apadrinar a quinceañeras, bicicletas que nadie usa en una ciudad sin respeto a los ciclistas, etcétera—, le ha generado que, semana a semana, se desinfle en las encuestas. El 2 de marzo, el periódico El Universal publicó que, en los últimos meses, Ebrard ha perdido 14 puntos en sus niveles de aceptación, con 43% de ciudadanos que reprueban su labor en el DF y le otorgan un mediocre 6% de calificación. Tres días después, Reforma divulgó que la aprobación de Marcelo cayó nueve puntos en los últimos cuatro meses.
“En los pasillos del Antiguo Palacio del Ayuntamiento, todos andan de puntitas porque su jefe, Marcelo Ebrard, está de muy mal humor. ¿La razón? Su caída en las encuestas”, señaló la columna Templo Mayor, el lunes pasado. Las razones del empequeñecimiento de la figura política de Ebrard —salinista, ex priista, y parte del equipo operador del fraude electoral de 1988—, son las condiciones deplorables y lamentables en las que tiene hundida a la Ciudad de México. El DF, con sus altos índices de inseguridad, porque cualquier capitalino puede morir a manos de asaltantes; instalaciones del Metro convertidas en sedes de la delincuencia y del secuestro exprés; asiento de cárteles de la droga; infestado de ambulantes afiliados, en su mayoría, al PRD; la corrupción apoderada de las delegaciones y del mercado inmobiliario, como lo denuncia el contralor general del GDF, Ricardo García Sáinz.
Una ciudad que se inunda y hace flotar la indolencia del gobierno capitalino. No en balde, siete de cada diez habitantes califica de “mala” la reacción del GDF ante las inundaciones, según la encuesta de Comunidad de Excélsior. Aún más: el 1 de marzo anterior, el presidente Calderón encabezó un evento clave para prevenir inundaciones, en el DF y su zona conurbada, al poner en marcha el Túnel Emisor Oriente, que garantizará, según dijo, “no más inundaciones catastróficas”. Lo acompañaba el gobernador mexiquense Peña Nieto… con la notoria ausencia de Ebrard. Calderón le ganó la partida en este punto. Así que, según van las cosas, AMLO podría ahorrarse la declinación en su favor de Marcelo, si éste continúa desinflándose. (...)



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