Itinerario Político. Por Ricardo Alemán. 17 de enero de 2006
´Mañaneras´ de AMLO
¿CÓMO explicará Andrés Manuel López Obrador que deja atrás su compromiso de no tener presencia en la televisión comercial, cuando en los próximos días dé inicio a un programa cotidiano en Televisión Azteca, sin duda el grupo televisivo que más desencuentros ha tenido con la izquierda mexicana?
López Obrador ha logrado concertar un acuerdo con la televisora del Ajusco para transmitir a diario un programa muy temprano, con lo que su equipo seguramente intentará reeditar el éxito de las conferencias "mañaneras", pero en condiciones diametralmente distintas.
Difícilmente podrá también explicar el candidato perredista por qué privilegió a unos cuantos medios con el gasto de publicidad durante su gestión, como acaba de quedar en evidencia. O por qué entre su grupo de promotores figura buena parte de las empresas inmobiliarias que resultaron beneficiarias de la obra pública o de facilidades por el boom de vivienda en toda la ciudad, durante el gobierno encabezado por el tabasqueño.
En los próximos días veremos al aspirante perredista que ha construido su imagen con promesas de honestidad y congruencia, en un programa televisivo que será transmitido por Azteca, justo el grupo que sostuvo un fuerte enfrentamiento con el impulsor original de López Obrador, el ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas.
Durante su gestión al frente del DF, Cárdenas enfrentó una muy enconada postura de Televisión Azteca tras el asesinato de Francisco Stanley, a lo que siguió un trato cercano a cero entre el consorcio de Ricardo Salinas Pliego y el primer gobierno perredista en la ciudad de México.
Hoy todo eso quedó ya en el pasado. El PRD muestra gran capacidad de olvido, y el propio AMLO se apresura a borrar de un plumazo una historia con estos antecedentes, para abrirse a una alianza con muy evidentes implicaciones políticas.
¿Cuál fue el largo reclamo de la izquierda, una de las más consistentes críticas contra el PRI, si no su alianza con Televisa y otros segmentos de la estructura mediática, puestos al servicio del partido oficial? ¿Qué no fue ésta una de las denuncias más reiteradas, especialmente en épocas electorales? ¿Qué diferencia hay entre aquello que hacía el PRI y esto que arma el PRD de López Obrador, no sólo con un medio, sino con varios, a no pocos de los cuales benefició durante su administración?
Pero la alianza entre AMLO y el poder mediático puede ser más amplia de lo que puede uno imaginarse. Hoy se sabe, por ejemplo, que la orden para que los diputados del PRD en San Lázaro aprobaran sin chistar el engendro de nuevas leyes de radio y televisión y de telecomunicaciones -que votaron favorablemente por unanimidad todos los partidos- vino precisamente de AMLO, quien de esa forma habría intentado pagar por adelantado los favores recibidos o por recibir de diversos medios electrónicos, en especial las televisoras. ¿Por qué el silencio absoluto de López Obrador a la cuestionada reforma de radio y televisión? ¿Por qué el sumiso alineamiento del PRD?
Pero más allá de los olvidos, de la desmemoria y de la amnesia ideológica, queda claro que la decisión de AMLO no sólo entraña una grave contradicción, sino también preguntas sin respuesta en torno de un programa televisivo que se transmitirá de lunes a viernes a las seis de la mañana. ¿Cuánto costará? ¿De dónde saldrán los recursos para pagarlo?
No cabe duda que "las mañaneras" en televisión podrían resultar exitosas, pero su influencia nunca podrá ser la misma que la provocada cuando AMLO fue gobernante de la capital del país. La opinión de un gobernante, por esa razón, atañe a todos los gobernados, no así la opinión de un candidato presidencial. Además de que al convertirse en el candidato "exclusivo" de una empresa televisiva podría cerrarse los espacios de otras televisoras que compiten por el rating. Nadie puede descartar, por ejemplo, una suerte de veto por parte de Televisa.
Pero lo más cuestionable del asunto es que al reeditar sus "mañaneras" por televisión, la práctica AMLO va precisamente en sentido contrario a lo que establecen los estudiosos del fenómeno televisivo en la democracia.
Es decir, que se regule la participación de la televisión en las contiendas electorales, que se cancelen los promocionales, para dar paso a debates entre los candidatos, en donde a partir del manejo equitativo de las imágenes, se ofrezcan ideas y propuestas a los potenciales electores. Pero además, con sus "mañaneras", AMLO avala la existencia de poderes fácticos, como los que asumen las empresas televisoras.
La preocupación es válida, sobre todo porque son muchas las evidencias de que desde el gobierno del DF, AMLO patrocinó a medios que lo elogiaron hasta la desmesura, en cambio no dio ni un centavo de patrocinios a sus críticos. Apenas ayer La Crónica difundió un documento oficial en donde queda claro que en 2005, el GDF gastó 73.6 millones de pesos, de los cuales el informativo radial Detrás de la Noticia fue el más favorecido, en la radio, y La Jornada, en la prensa. Si esa fue la política en el GDF durante la gestión de AMLO, podemos suponer lo que ocurrirá con los medios aliados, si es que López Obrador gana la contienda del 2 de julio. Y vale retomar la pregunta: ¿qué no fue eso lo que siempre cuestionó la izquierda de los gobiernos del PRI y de los poderes mediáticos como Televisa?, ¿ya se les olvidó?
Pero hay más elementos para dudar. El pasado 10 de enero Reforma documentó que empresarios de la construcción en el DF, esos que han inundado de departamentos de lujo y de interés social buena parte de las delegaciones del DF y los que edificaron los segundos pisos del Periférico -esos que se otorgaron sin licitación, y la información fue guardada como si se tratara de secreto de Estado-, por pura casualidad son los empresarios que han aparecido como impulsores de la campaña de AMLO.
Entre los nombres revelados aparecen: Luis Attias Bernárdez, del Grupo Copri, que participó en la construcción de los tres puentes de Santa Fe; José María Rioboó y David Serur Edid, constructores de los segundos pisos y el Distribuidor Vial de San Antonio; Marcos Shabot, quien construyó el Tecnoparque Industrial Azcapotzalco; Fernando Schutte, presidente de un conocido grupo inmobiliario que desarrolla Santa Fe y la Condesa; Siahou Sitton Guindi, director general del Sheraton Centro Histórico; los hermanos José, Gregorio y Ariel Bromberg, propietarios de la inmobiliaria Brom; los hermanos Abraham y Elías Cababie, dueños de GICSA y Construcabi, y David Daniel Cabbaz, presidente del Grupo Danhos. Todos beneficiados con obras públicas por asignación, sin la licitación, o favorecidos con permisos para desarrollar la explosiva construcción de departamentos en todo el DF.
Y todos, también, impulsores de la campaña de AMLO. Pero no sólo dan apoyo moral, sino del otro, contante y sonante.
Fuente: http://www.eluniversal.com.mx/columnas/54761.html