2 Nov
2009
CRÓNICA René Avilés Fabila 02/11/09
Hace poco concluí un libro que titulé Antigua grandeza mexicana, allí están los cronistas de nuestra pasada belleza y mis recuerdos. Martha Fernández, talentosa historiadora del Instituto de Investigaciones Estéticas de la UNAM, lo dice de otra forma: De ciudad de los palacios a mancha urbana. La capital padece uno de sus peores momentos, la mancha alberga multitud de graves problemas sociales, culturales y políticos. (...)
Sin embargo, pese a la ingrata actividad, el Zócalo conservó su decoro como centro de todos los mexicanos. A nadie le preocupó que de pronto perdiera sus fuentes y palmeras e hicieran una plancha horrible, un paisaje gris, seco. Con el tiempo, el Zócalo perdió decoro. Cuando el otrora jefe de Marcelo Ebrard, Manuel Camacho era regente del DF, tenía al centro convertido en chiquero. La famosa María Félix decidió visitar sus calles, salió indignada de lo que vio y lo declaró a la prensa. Camacho, muy digno, respondió: Que se vaya a París.
La llegada del PRD fue su peor tragedia, pasó de lugar cívico a circo. Con López Obrador se hizo un mercado público, una arena para que sus partidarios fueran a gritarle que era un honor estar con él. (...)
Pero si AMLO lo utilizó para sus fiestas, Ebrard no quiso quedarse atrás y ha convertido el Zócalo en una inmundicia (...) El colmo fue hace dos semanas cuando estaba la feria del libro y, de pronto, a Calderón se le ocurre borrar de la lista de sus más tenaces enemigos al SME. Oh sorpresa, de entre los cadáveres que ha ido dejando López Obrador, reaparece René Bejarano y convoca a los electricistas y a todos los patriotas que estén contra el presidente a una “megamarcha” que oscilaba entre 80 y 300 mil.
Desde luego, Ebrard retiró a toda la feria del libro, sin preocuparse por el libro y el lector, al ver otra oportunidad de parecer “revolucionario” y enemigo del derechista PAN. Hubo, desde luego, protestas y alguien tuvo la ocurrencia de decir que el GDF iba a regular marchas, plantones, protestas, grafitis, ambulantes, mítines, tocadas de rock, etcéteras hasta el infinito, en el sufrido Zócalo. (...)
Dejemos las mentiras, por ahora Ebrard está ocupado planeando su golpe maestro: cómo convertir la Zona Rosa en la Venecia mexicana. De hacerlo, tendrá la presidencia en el bolsillo, adiós, López Obrador, nadie en la izquierda como el ex priista Marcelo. Creo que aparte de destruir la ciudad, de llenarla de los peores terrores, [Ebrard] nunca aprendió congruencia política. Por lo menos a sus maestros priistas les resultaba todo aquello que querían, hasta que Camacho perdió la silla del águila. Pero bueno, ojalá [Ebrard] regulara el uso del Zócalo, algo que ningún delegado del PRD hace en sus respectivas zonas, donde todo está restringido menos sus negocios personales.