5 Mar 2011

Sueño guajiro y mariguano para sobrevivir la jungla de asfalto y cemento del D.F.: Huertos en las azoteas

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LA RAZÓN                            Gil Games                            03/03/11

A Gamés se le quedó una noticia en el tintero, o un tintero en la noticia, como quieran. Gil lo leyó en la sección Ciudad de su periódico Reforma. Oigan esto: “las autoridades de los gobiernos del Distrito Federal y Cuba refrendaron hasta el 2012 el convenio de cooperación y asistencia técnica en materia de agricultura urbana enfocada a escuelas primarias y secundarias, unidades habitacionales y reclusorios”. ¡Boinas! Aquí hay algo interesante, exclamó Gilga. ¿Agricultura urbana? ¿Van a sembrar en el segundo piso? ¿Maizales en Reforma? Gamés no entendía nada, lo cual no significa mucho, pues hace tiempo que no entiende muchas de las cosas con que se cultiva la vida pública mexicana. Resulta entonces que ambos gobiernos, el cubano y el de Ebrard-GDF, se han puesto de acuerdo para lograr huertos en azoteas, cultivos en traspatios, tierra fértil sobre el cemento, sembradíos sobre la frialdad del mosaico. Gilga caminó sobre la duela de cedro blanco, que por cierto no convertirá en un huerto, y al llegar al extremo norte se dio un tope contra el muro y profirió esta frase: ¿acaso no estamos locos?

La nota fechada en La Habana y firmada por Alejandro Ramos explica que “durante una gira de trabajo realizada a principios de febrero en Cuba, la titular de la Secretaría de Desarrollo Rural y Equidad para las Comunidades, María Rosa Márquez Cabrera, informó que “las autoridades del Ministerio de Agricultura cubano seguirán enviando cada tres meses a dos técnicos para dar asistencia a quienes desarrollan los huertos urbanos en zonas residenciales, escuelas y reclusorios”. Perdonen la desconfianza, pero si van a sembrar en los reclusorios, Gil ya sabe qué es lo que van a cultivar y hasta el color de la planta que los reclusos cuidarán con cariño desmedido y atención maternal.

Gamés regresó al extremo sur del amplísimo estudio y meditó: ya en serio, ¿a nadie en el Gobierno del Distrito Federal le parece raro que un país pobre, al borde de la hambruna, sin alimentos, en crisis, asesore al gobierno de la ciudad de México? Caracho, a lo que hemos llegado. Nos va a pasar lo que al ratón Pérez, quien cayó a la olla de los frijoles por la golosina de la cebolla que recogieron en el huerto urbano. Gilga se dio un manazo en la frente: ¡huertos urbanos! Muy bien, entonces estimulemos el césped en los baños, los arbustos en la sala y los olivares en la azotehuela. Mecachis.

La nota de su periódico Reforma explica que Cuba desarrolló la agricultura urbana en 1987, cuando el entonces ministro de las Fuerzas Armadas, Raúl Castro, pidió a la población aprovechar cualquier espacio de tierra, hasta en las azoteas, para desarrollar la agricultura y los huertos urbanos con el fin de hacerle frente a la crisis alimentaria. Bien, si los asesores cubanos vienen cada tres meses, que también enseñen en las delegaciones a vivir sin agua ni jabón, con apagones dos o tres veces al día, con una carta de racionamiento inservible, sin periódicos, sin televisión y sin partidos políticos. ¿Quieren algo más ejemplar?

Que Gamés sepa, los cubanos lograron un gran ecocidio monumental cuando soltaron en los campos cubanos a miles de búfalos que dieron al traste no sólo con la agricultura, sino también con la vida en el campo. Lean, por amor de Dios, el libro del señor Rubén Cortés que se llama ¡Cuba, Cuba! y van a ver lo que es canela fina. Señores y señoras, Marcelo Ebrard,  funcionarios y funcionarias del Gobierno del Distrito Federal: la ideología es capaz de destruirlo todo, empezando desde luego por las neuronas. ¿Estamos o no estamos locos?

La frase recogía unos bellísimos jitomates hidropónicos del huerto de Gil: La imitación es la forma más sincera de la adulación”.

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