18 Jun 2011

Rapaces desarrolladores de vivienda en complicidad con autoridades corruptas construyen casas- de 32 metros cuadrados en "ciudades dormitorio"

Construcción de viviendas en un fraccionamiento de la Ciudad Bicentenario (Ciudad Dormitorio) Zumpango, Estado de México. Miriam vive en una vivienda de apenas 32 metros cuadrados.  Foto: Óscar Mireles

REFORMA Por: Martha Martínez 12/06/11

"Aquí no encontré la calidad de vida que imaginaba", dice Miriam mientras prepara en la sala de su casa las gorditas que venderá en la noche para completar el gasto de la quincena.  Robusta, alta, de piel morena y pelo alborotado, Miriam es habitante de una de las 12 mil viviendas que se construyen en el Fraccionamiento Nuevos Paseos de San Juan, un conjunto habitacional de interés social que forma parte de la Ciudad Bicentenario (ciudad dormitorio) en el municipio de Zumpango, Estado de México, proyecto habitacional que prevé contar con 47 mil viviendas tras concluir su primera etapa de construcción.
Originaria del Distrito Federal, ella y su esposo Mario compraron a través del crédito Infonavit el departamento ubicado en las periferias de la zona metropolitana debido a que sus ingresos no les permitían adquirir una propiedad más cercana a la ciudad.

Con un salario de $120 pesos diarios, Mario, chofer de una empresa privada, forma parte de los más de 25 millones de trabajadores que reciben menos de tres salarios mínimos y cuya capacidad de pago les permite adquirir únicamente vivienda económica, es decir, aquella que cuenta con una superficie de entre 30 y 42.5 metros cuadrados y cuyo precio oscila entre $220 mil y $350 mil pesos.  La casa concuerda con esa descripción: una construcción rectangular de 32.65 metros cuadrados que se dividen en baño, cocina, una recámara, estancia-comedor y una pequeña zotehuela.

Según la tipología desarrollada por la Comisión Nacional de Vivienda, instancia encargada de articular la política nacional en la materia, este tipo de vivienda está pensada para dos personas, pero la realidad siempre supera las proyecciones de las autoridades.

En la casa de Miriam habitan la pareja y dos nietas de nueve y tres años de edad. Para acomodarse de la manera "más higiénica posible", ella duerme con sus dos nietas en la única recámara con la que cuenta la casa y en la que cabe una cama matrimonial y un mueble en el que guarda la ropa de los cuatro.

Su esposo duerme en uno de los sillones de la estancia, que en la noche es usada como recámara y en el día como espacio para preparar los alimentos que comercializa por la noche, pues la cocina es tan pequeña que resulta difícil pasar mucho tiempo ahí.  En esta vivienda no hay comedor porque no han podido comprarlo, pero aunque pudieran no habría espacio para él. A la hora de la comida, la familia utiliza una pequeña mesa portátil en la que horas antes se preparan los alimentos; las sillas son sustituidas por los dos pequeños sillones de la sala.

Sus nietas no tienen espacio para jugar dentro, y en el exterior de la vivienda hay un área verde al fondo de la cerrada, de alrededor de 50 metros cuadrados con pasto, que no utilizan.

Los parques que Casas Geo prometió para los habitantes aún se encuentran en construcción debido a que la desarrolladora entregó los departamentos sin haber terminado el fraccionamiento.  Aunado a ello, la mala calidad de la vigilancia que aporta la desarrolladora y el hecho de que muchas casas aún se encuentran desocupadas, ha generado que el conjunto habitacional se convierta en blanco de las bandas dedicadas al robo de casas-habitación.

Miriam reconoce que su vivienda es muy pequeña para las cuatro personas que habitan en ella, pero señala que con sus ingresos es imposible adquirir un espacio más amplio, pues de los $3 mil 600 pesos que obtiene su esposo cada mes como salario, debe descontar los $800 pesos mensuales del crédito Infonavit, el cual pagará durante los próximos 30 años hasta completar los $233 mil pesos del costo de la vivienda.

Además, de su gasto debe pagar los $130 pesos que Casas Geo les descuenta vía nómina a los habitantes del lugar para el mantenimiento de áreas comunes, servicio que, asegura, es otorgado a cuentagotas por la empresa a pesar de que el descuento se realiza de manera puntual mes con mes.

El caso de esta familia es un ejemplo de lo que los especialistas llaman "inequidad de la política de vivienda", pues las familias que requieren de mayores espacios y mejor ubicados son las que menos acceso tienen a ellos.

Política de vivienda

Al inicio de su administración Vicente Fox prometió construir 750 mil viviendas anuales, abatir el rezago en la materia, consolidar el mercado habitacional como motor de la economía y hacer de éste un mecanismo para reducir las inequidades sociales.

Ya como Presidente, Felipe Calderón asegur ó que no sólo daría continuidad a la política de su antecesor, sino que haría de la vivienda una política de Estado para detonar el desarrollo regional.

El boom de la vivienda, como lo llaman los propios desarrolladores, propició cambios en el esquema de otorgamiento de créditos de organismos públicos como Infonavit y Fovissste, pero también en los parámetros para construcción diseñados por la Comisión Nacional de Vivienda (Conavi).

Cifras de la Conavi señalan que en la última década se ha destinado más de un $1billón 800 mil millones de pesos a la entrega de alrededor de 8 millones de financiamientos para la adquisición y remodelación de vivienda en el país. Más del 65 por ciento de la bolsa ha sido ejercida durante la administración de Felipe Calderón.

El organismo señala que entre 2007 y marzo de 2011 se han entregado más de 5 millones 167 mil créditos y subsidios que en conjunto suman más de 1 billón 182 mil millones de pesos. Una cantidad adicional corresponde a los recursos que cada familia destina para la autoconstrucción de sus viviendas, misma que no ha sido cuantificada por Conavi.

Del total de financiamientos otorgados en esta administración, el Infonavit, la Conavi y el Fonhapo concentran el 68 por ciento.

El Plan Nacional de Vivienda 2007-2012 establece como meta para este sexenio entregar seis millones de financiamientos, que incluyen créditos y subsidios, de los cuales más del 71 por ciento corresponden a la adquisición de vivienda y poco más de 28 por ciento al mejoramiento de éstas.

El subdirector general de Política de Vivienda y Esquemas Financieros de Conavi, Eduardo López, asegura que el Gobierno federal rebasará sus propias expectativas, pues a poco más de año y medio de que concluya la actual administración, faltan menos de un millón de financiamientos para alcanzar la meta establecida.

"De la meta de seis millones de financiamientos vamos cinco millones 233 mil, lo que nos da un avance del 87 por ciento de la meta sexenal, esto es casi el doble de la administración anterior, en términos de inversión astamos ya superando el billón de pesos, lo cual es una inversión récord en términos del sector de la vivienda, lo que se espera para finales de este año, es que pudiéramos estar alcanzando la meta de seis millones este año, teniendo todavía un año más de la actual administración para superar con creces esa meta", sostiene.

El funcionario indica que las acciones en materia de vivienda están abatiendo el rezago habitacional en México que hasta el año pasado se estimaba en 8.9 millones de unidades, de las cuales 1.7 millones correspondían a viviendas nuevas y 6.2 millones a aquellas que requerían mantenimiento o sustitución debido a la mala calidad de los materiales con las que estaban construidas.

"Si hacemos cuentas y vemos que nuestra meta anual es del orden de 1.1 millones de acciones, estamos superando la atención de estas cerca de 650 mil familias (que requieren una casa nueva) y aparte estamos atendiendo un pedazo adicional que es justamente la atención al rezago", asegura.

Sacrifican calidad por cantidad

Pero las cifras oficiales muestran que la política de vivienda en el país ha sacrificado la calidad por la cantidad. De acuerdo con el INEGI, el 57 por ciento de los más de 44 millones de personas ocupadas en el país reciben entre uno y tres salarios mínimos. Por su capacidad de pago, estos trabajadores tienen acceso a viviendas cuyos costos oscilan entre 250 mil y 350 mil pesos.

Las viviendas que se encuentran dentro de este rango de precios son las "económicas", que según la tipología desarrollada por Conavi, se caracterizan por contar con una superficie de 30 metros cuadrados divididos en baño, cocina y un área de usos múltiples; en este caso no se contemplan recámaras.

Otro tipo de vivienda al que tienen acceso es la "popular", cuya superficie es de 42.5 metros cuadrados que se dividen en baño, cocina, estancia-comedor y entre una y dos recámaras.

A este mercado está enfocada la construcción de viviendas en el país. Informes de Conavi indican que en los últimos tres años, la oferta de vivienda cuyo costo se encuentra alrededor de los 250 mil pesos, entre 30 y 42.5 metros cuadrados, creció en más del 50 por ciento, al pasar de 93 mil unidades en 2008 a 140 mil en marzo de 2011.

La oferta de vivienda con costos entre 250 y 500 mil pesos, con superficies mayores a los 42.5 metros cuadrados y menores a los 97.5 metros cuadrados, se incrementó 27 por ciento en el mismo periodo; mientras que aquella cuyo precio oscila entre 500 mil y 2 millones 500 mil pesos, con superficies de 97.5 hasta 225 metros cuadrados, decreció en más del 12 por ciento.

Según el Conteo de Población y Vivienda 2010, de los más de 28 millones 607 mil viviendas habitadas en el país, 47 por ciento tienen de uno a tres cuartos; en dichas viviendas habitan en promedio más de 53 millones 451 mil personas, alrededor de la mitad de la población nacional.

Efectos sociales  

Leticia Cano, maestra de la Escuela Nacional de Trabajo Social de la UNAM, advierte que la vivienda no son muros y techos, sino un espacio que cumple una función primordial en la construcción cotidiana del tejido social; de ahí que el hacinamiento en que viven miles de familias que habitan este tipo de casas afecta la construcción de ciudadanía.

"La vivienda no son muros y techos, la vivienda es un espacio social que nos permite construir y reconstruir cotidianamente el tejido social... en ella se reproducen valores, actitudes, formas de pensar, de sentir y de actuar", asegura.

La especialista pone en duda que esta reproducción de valores pueda llevarse a cabo de manera óptima en una vivienda de 30 o 40 metros cuadrados en donde la convivencia familiar se dificulta porque no existen espacios para ello.

Cano indica que otro factor que afecta la interacción familiar es la ubicación de estas viviendas. Señala que la mayoría de ellas están ubicadas en fraccionamientos alejados de los centros urbanos y, por ende, de los lugares de trabajo.

Lo anterior, agrega, provoca que las personas destinen en promedio cinco horas de transporte de su casa a su centro de trabajo y viceversa, lo que convierte a sus hogares en espacios a los que sólo llega a dormir.

Estas viviendas, considera, también se convierten en expulsores de los integrantes de la familia, pues al ser tan reducidas impide la privacidad al interior de los hogares y entre vecinos, pues muchas de ellas comparten al menos un muro, lo que provoca que los ruidos de una casa se escuchen en otra.

La trabajadora social indica que estas consecuencias son algunos indicios encontrados a partir de pequeños estudios académicos; no obstante, advierte que actualmente nadie está analizando de manera sistemática y amplia los efectos que pueden generar la proliferación de estas minicasas.

Esther Maya, socióloga de la Facultad de Arquitectura de la UNAM, advierte que la proliferación desmedida de estas viviendas podría estar generando fenómenos sociales más graves que el problema del rezago habitacional que se pretende atender.

La especialista critica que, a pesar de que la política de vivienda en el país está enfocada a la producción de vivienda pequeña en serie, ninguna dependencia gubernamental esté analizando los riesgos que pueden general el hecho de meter a una familia a estos espacios.

"Cuál ha sido la lógica de esta política de vivienda, pues apostarle a la producción de vivienda sacrificando el bienestar de la población, pero dándole una dinámica muy particular al mercado hipotecario, al mercado financiero y a la industria de la construcción", sostiene.

Casas más pequeñas

Un análisis realizado por el Laboratorio de Sistemas de Información, Monitoreo y Modelación Urbana y de Vivienda de la Universidad Nacional Autónoma de México indica que lejos de mejorar la distribución de las viviendas, el marco normativo en la materia autorizó que la superficie de éstas se redujera, en promedio, dos metros cuadrados.

En diciembre de 2007, la Conavi publicó la primera versión del Código de Edificación de Vivienda, cuyos lineamientos son utilizados como parámetros para la planeación, desarrollo y ejecución de edificaciones; según la presentación del documento, en su elaboración participaron empresas desarrolladoras, expertos y dependencias de la administración pública involucradas con el tema, quienes tomaron como referencia las mejores prácticas internacionales en la materia. Este 2011 el organismo presentó una segunda versión actualizada.

La comparación realizada por el SIMMUV muestra que la versión 2007 del Código establece que las viviendas para 2.5 personas debe medir 33 metros cuadrados; no obstante, la versión 2011 reduce la superficie a 31 metros cuadrados.

Con respecto a las viviendas para cuatro personas, que según INEGI es el promedio de integrantes por familias en México, el documento señala una superficie de 43 metros cuadrados y la versión 2011 la reduce a 40. En el caso de viviendas para seis personas se reduce de 52 a 50 metros cuadrados.

El estudio señala, además, que las medidas establecidas en la normatividad mexicana son, en promedio, 43 por ciento menores a los parámetros que a nivel internacional se establecen como espacios óptimos para promover la calidad de vida de los hogares.

Es decir, mientras que en México se establece que una familia de 2.5 integrantes en promedio puede vivir en 30 metros cuadrados, las mejores prácticas internacionales establecen como mínimo 44 metros cuadrados.

En el caso de las familias de cuatro personas, los parámetros nacionales indican 40 metros cuadrados; a nivel internacional establecen 74 metros cuadrados. Para seis personas, las viviendas en México son de 50 metros, pero a nivel internacional se establece que deben ser de por lo menos 108 metros cuadrados.

Megaconjuntos

El arquitecto Roberto Eibenschutz, maestro de Urbanismo en la Universidad Autónoma Metropolitana, asevera que la reducción de los espacios de las viviendas ha ido de la mano con la proliferación de enormes conjuntos habitacionales.  El especialista recuerda que en los años setenta se construyeron unidades habitacionales como El Rosario en el Distrito Federal, con 10 mil viviendas de entre 60 y 80 metros cuadrados, centros de trabajo, escuelas, parques y mercados.

Actualmente, señala, se están construyendo conglomerados de hasta 47 mil casas, en su mayoría pequeñas, alejados de los centros urbanos, de las fuentes de trabajo y de los lugares de abastecimiento como mercados y plazas comerciales.

Eibenschutz señala que el abuso en la construcción de enormes conjuntos habitacionales se debe a que la producción masiva de vivienda en pequeños espacios de tierra ha resultado un negocio muy redituable para las empresas constructoras.  "Desde luego, mientras más grande sea el conjunto y más homogéneos sean los prototipos, la construcción de vivienda se hace mucho más eficiente y las ganancias se elevan enormemente", sostiene.

El arquitecto indica que una muestra de ello es el hecho de que seis desarrolladoras de vivienda cotizan en la Bolsa Mexicana de Valores. Se trata de Corporación Geo, Desarrolladora Homex, Urbi, Consorcio Ara, Sare Holding y Consorcio Hogar.

El reporte La situación de la vivienda en México 2010 señala que en 2009, dato más reciente, estas empresas concentraron el 8 por ciento del Producto Interno Bruto de la Construcción que, de acuerdo con la Cámara Mexicana de la Industria de la Construcción, ese año ascendió a 538 mil 271 millones de pesos.

Un estudio del Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Monterrey señala que sólo en 2010, estas empresas registraron en conjunto ventas por $63 mil 986 millones de pesos.  Según el documento, Homex registró ventas por $19 mil 689 millones de pesos, Corporación Geo vendió $19 mil 154 millones de pesos, Urbi $14 mil 951 millones de pesos, Ara $7 mil 368 millones de pesos, Sare Holding $2 mil 294 millones de pesos y Consorcio Hogar $530 millones de pesos.

Jorge Cervantes, director del Laboratorio de Modelación Urbana y Vivienda de la UNAM, señala que la falta de regulación específica sobre el desarrollo de megaproyectos habitacionales es otro factor que facilita el abuso de éstos.  Cervantes señala que aunque existe el Código de Edificación de Vivienda, éste no establece los máximos idóneos para el desarrollo de conjuntos.

Los arquitectos coinciden en que el problema no son las desarrolladoras de vivienda, sino las autoridades, que no han sido capaces de supervisarlas y controlarlas.

"Haría falta no sólo más transparencia en la política de vivienda, sino mucho más control de las autoridades para evitar la corrupción, las malas prácticas y los abusos de las desarrolladoras", señala Eibenschutz.

Para el arquitecto, el problema y la solución de la política de vivienda en el país es la planeación; no obstante, reconoce que ésta no mejorará mientras autoridades sigan creyendo que ésta consiste en el desarrollo de libros sobre el tema.

Eibenschutz añade que la meta de seis millones de créditos establecida por el presidente Felipe Calderón es muy ambiciosa, pero reitera que la entrega de subsidios y créditos no resuelve las necesidades de vivienda del país.

Se compromete Eruviel con antorchistas a impulsar vivienda popular (aunque sea menor a 30 mts2, conste): http://www.cronica.com.mx/nota.php?id_nota=586551