1 Jul 2011

Por una ciudad más sustentable

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DF: ciudad sostenible, ciudad insostenible

CRÓNICA Por: Juan José Huerta  Fecha: 24/06/11

Creo que una percepción generalizada entre los habitantes de esta gran urbe es que la vida en la ciudad de México se está volviendo cada vez más caótica y difícil; disminuye la calidad de la habitabilidad en la ciudad; se complican y entrelazan los problemas en muy diferentes campos, y crece el riesgo de un colapso vital que pueda ser detonado por una repentina falla en uno o varios sectores clave. Obviamente, en este momento no está garantizada la sustentabilidad de la ciudad en el mediano y largo plazos.

 La responsabilidad de esta situación es también generalizada y no corresponde solamente a un sector social o al gobierno, pues es verdad que nuestra cultura y educación cívicas como capitalinos todavía deja mucho qué desear y no somos una sociedad fácil de gobernar, aunque mucho se podría lograr si desde el gobierno de la ciudad hubiera un liderazgo adecuado sobre el rumbo a seguir y una mucho mayor dirección técnica y eficiencia en la gestión, así como menos clientelismo y contratismo, elementos todos que fueran propiciados por mecanismos de participación ciudadana mejor diseñados legislativamente y más eficaces.
¿Es ésta una visión desvirtuada o exagerada de nuestra realidad en el Distrito Federal? No, si nos atenemos a los datos duros de lo que vemos todos los días, ya sea en materia de agua, transporte público y tráfico vehicular, calidad del aire, manejo de la basura, mantenimiento de infraestructura urbana, uso de suelo, por mencionar sólo algunos de los rubros donde la fallas de sustentabilidad y habitabilidad son más significativas.

Así, Ramón Aguirre, director del Sistema de Aguas, informó que “ante la necesidad de alternativas de abastecimiento de agua”, el gobierno de la ciudad va a perforar un pozo de extracción de dos kilómetros de profundidad, y no de 300 metros, como se hace ahora (no hace mucho tiempo, el manto de agua se encontraba a 5 metros) en la zona oriente de la ciudad, que ya sufre severos efectos de hundimiento del suelo y destrucción de casas por la desecación de los mantos freáticos, de los que la ciudad depende en un 66 por ciento de su consumo de agua. “Es un pozo prácticamente petrolero, pero para fines de abastecimiento de agua… esto nos debe de dar una idea del tamaño del problema que tenemos”, señaló el funcionario. Agregó que el depósito fósil que se explora “sería una nueva fuente de abastecimiento que aportaría agua, máximo dos años, a dos millones de personas”.

En verdad es una solución extrema, que implica gastos adicionales de potabilización del agua y de su elevación en dos kilómetros. ¿No sería mucho más racional y sostenible hacer hincapié en soluciones basadas, junto al ahorro en el uso y una mejor gestión en el tratamiento de aguas negras y grises, en la captación del agua de lluvia que durante varios meses cae torrencialmente en este valle, mediante un amplio sistema constituido por una red de captación del agua pluvial, canalizada a múltiples depósitos para uso posterior y pozos de absorción hacia los mantos freáticos?; ¿no sería mejor detener ya en verdad la invasión de humedales y suelos boscosos, agrícolas y de conservación, y aun de parques, jardines y camellones, que a duras penas sobreviven en la ciudad?; ¿por qué son tan raquíticas y esporádicas las campañas de ahorro de agua?

Duran ya muchos años los intentos fallidos de racionalizar el transporte público de la ciudad que, con sus decenas de miles de autobuses y microbuses chatarra y estorbosos trolebuses, es uno de los más enmarañados y contaminantes del mundo, situación que no alcanza a ser superada con las ampliaciones del Metro y las líneas del Metrobús, ni con los proyectos “estrella” como las “ecobicis”. Se acaban de publicar en la Gaceta Oficial del DF los pertinentes lineamientos para la operación de los 45 Centros de Transferencia Modal de la Ciudad, los desordenados “paraderos” en las afueras de las estaciones del Metro, pero vamos a ver cuántos años tardan en ser implementados.

Y la apuesta por las vías rápidas elevadas y los puentes vehiculares a que nos ha llevado el contratismo imperante, “falsas soluciones” para acabar con los problemas del transporte y contaminación en la ciudad de México, como expresó Gerardo Moncada, coordinador de Transporte Eficiente de la organización El Poder del Consumidor (Crónica, 11may11). Carísimas soluciones también, con efectos devastadores en el propio gasto público del DF, que no alcanza para otros programas urbanos importantes y que hipotecan las futuras finanzas de la ciudad.

Y el paisaje y la estética urbanos, echados a perder sin remedio con dichas obras. “La ciudad sin estética no es ética” (Jordí Borja, urbanista, La Ciudad Conquistada). Es necesario volver a la ciudad con perspectiva amplia que permita admirar a plenitud arquitectura y monumentos, sin estorbos naturales (como palmeras frente al Monumento a la Revolución) o chafas esculturas de artistas de la Corte. Volver a las espaciosas avenidas a nivel para la circulación de gente y vehículos, el flujo de estos últimos controlado por un sistema moderno e inteligente de semáforos y señalizaciones.

Son frecuentes las situaciones de “precontingencia ambiental”, sean o no declaradas oficialmente, pero, junto a la racionalización del transporte público, ¿por qué no se hacen esfuerzos más serios para controlar emisiones perjudiciales al aire de miles de negocios como taquerías, pollos al carbón y similares?; ¿igualmente, no es hora ya de emprender el mejoramiento tecnológico de los millones de calentadores de agua y estufas de gas de los hogares de esta ciudad?; ¿y qué decir de los métodos que utilizan los miles de barrenderos y jardineros de la ciudad, que en sus tareas diarias levantan toneladas de polvo al aire? Las válidas demandas y quejas ciudadanas han de ser atendidas debidamente, pero sin tolerar bloqueos totales de calles por marchas y plantones, que a muchos más perjudican en tiempos y dificultades de traslados y emisiones al ambiente.

Y qué decir del uso de suelo. “La ciudad está plagada de cientos de ´giros negros´ que han proliferado en los últimos tiempos. El uso del suelo está totalmente despedazado, ya no hay ninguna zona con vocación determinada y se han autorizado comercios en zonas residenciales, grandes edificios en áreas de desarrollo controlado, permisos de construcción de edificios donde hay escasez de agua y estacionamientos, por citar algunos casos” (Raúl Contreras Bustamante, Excélsior 27ab11).

Tenemos, pues, por delante los capitalinos una ardua tarea para hacer de la ciudad de México una urbe verdaderamente sustentable. Los medios al alcance son los que nuestra práctica democrática ofrece: la propia movilización y activismo ciudadanos, con abandono de la apatía por las cuestiones públicas que a veces nos caracteriza; la adecuada selección de nuestros representantes en los diferentes órganos de gobierno, la elección de asambleístas que además de estar preocupados por temas sociales “progresistas”, también se ocupen de las importantes cuestiones cívicas y urbanas relacionadas con la sustentabilidad a largo plazo de nuestra comunidad. Es necesario reformar sustancialmente la engorrosa Ley de Participación Ciudadana del DF para ampliar efectivamente los cauces en que los habitantes de esta gran ciudad influyan en las decisiones y las políticas públicas. En enero próximo, el actual jefe de gobierno, Marcelo Ebrard, renunciará seguramente a su cargo, que tendrá que ser asumido por un funcionario interino; y dentro de un año habremos de elegir a su sucesor. Movilicémonos para mejorar sustancialmente esas representaciones.