Política y barbarie en el DF
El indignante asalto al edificio de la SEP por parte de “maestros” disidentes es la mejor prueba de que la política mexicana, envilecida por partidos como el PRD, el PT, Convergencia y la incapacidad del PAN en Los Pinos, nos ha llevado a una etapa de barbarie inusitada. Las protestas deben existir por el desempleo, la incomprensión de las autoridades, por sus escasos resultados, por la creciente inseguridad, ¿pero es necesario llegar a los extremos que todo México vio, a un mes de un importante proceso electoral? Cuando no es el SME, es la CNTE o la APPO. La brutalidad se ha adueñado de la política. Una y otra vez hemos visto como el PRD asalta la tribuna, el PAN contraataca para que Calderón pueda tomar posesión, diputados se lían a puñetazos… La violencia parece competir con la desatada por los narcotraficantes, los criminales. Son minorías, explican convencidas las autoridades. Efectivamente, son minorías, pero así empezaron Mussolini y Hitler, aterrorizando a la población, destruyendo edificios históricos y quemando libros. ¿Es nuestro siguiente paso?
Como profesor universitario e hijo de profesores normalistas, no puedo creer lo que estamos presenciando. Un grupo de rufianes disfrazados de maestros desataron una oleada de vandalismo inusitado. Todo ello con la complacencia de las autoridades capitalinas, donde tanto López Obrador en su momento como ahora Marcelo Ebrard han dicho que son manifestaciones que muestran la pluralidad y deben ser permitidas. Bueno. El colmo fue cuando un grupo de ciudadanos asesinó a unos policías y AMLO habló de los usos y costumbres del pueblo. La demagogia y la estupidez han permitido que en México y especialmente en el DF caigamos en la violencia. Si AMLO se enoja, toma la mitad de la ciudad y se adueña calles. Si los maestros de Oaxaca y los de Michoacán están descontentos con sus respectivas autoridades, en lugar de protestar razonablemente, mostrarnos su indignación por los bajos salarios y por las carencias, nos mandan a vándalos a destruir reliquias históricas sin que la policía capitalina haga algo más que proteger el “derecho de protesta y manifestación” de los inconformes. Por esa razón, la popularidad de Marcelo Ebrard ha descendido notablemente, por su incapacidad, arbitrariedad e infinita arrogancia. Una encuesta dada a conocer la semana anterior mostraba la caída de Ebrard. Tendría que ser preocupante para él y los suyos, pero no. Mantiene la relación con la delincuencia disfrazada de oposición que en la ciudad de México desata su rencor y resentimiento. El colmo de la mentira, de la protección que el DF concede a esos criminales, es que ayer los diarios dieron a conocer un comunicado de la policía capitalina, un poema a la idiotez: “Nadie nos solicitó ayuda.” No frenamos el ataque porque la Secretaría de Educación Pública no nos pidió intervenir. De modo que si alguien me asalta y trata de asesinarme, tengo que llamar a la policía que está a medio metro mío para que impida el ataque de un rufián. De lo contrario, puede ocurrir la agresión. No acabo de comprender cómo el PRD triunfa en la capital del país, el punto que uno supone tiene información, es sensible, observa los problemas con exceso de pruebas, padece en cada delegación los efectos de su mal gobierno y pillerías y todavía nos llaman “ciudad de la esperanza”. ¿Esperanza de qué? Uno sale pensando en si podrá regresar a casa a salvo luego de una jornada de trabajo, en unas calles inciertas, con manifestantes violentos, narcotraficantes y protestas bárbaras. Algo todavía mejor fueron las declaraciones del secretario de Gobierno del DF, José Ángel Ávila, para quien se trata de una maniobra de Lujambio para “desviar la atención de sus propios conflictos.” La vergonzosa noticia, la destrucción de una puerta que data de 1731, recorrió el mundo. Más de un alcalde habrá recordado las mentiras de Ebrard y ligado al hecho de que el edificio agredido es patrimonio de la humanidad. Pero a cambio, Marcelo y compañía pondrán pantallas de televisión enormes para que todos puedan ver el Mundial de Futbol y luego de pasar por infinidad de actos circenses que nos regala, volver a votar por el PRD. Sus hazañas políticas son dudosas. La culpable de la muerte de un trabajador fue una afamada joven que salió borracha de un antro. Es su responsabilidad, no hay duda. Pero para que haya más votos y más alegría en esta ciudad, los perredistas consiguieron que los tugurios cerraran a las cinco de la mañana y así beber más. Vamos bien, cada día el PRD de Ebrard y AMLO nos dan una buena noticia. Por ahora debemos aplaudir a los imbéciles que destruyeron una antigua puerta, fue en aras de un interés superior: la pluralidad y la libertad de expresión. A su paso, los manifestantes afines al PRD destruyen lo que encuentran ante la total complacencia de la policía capitalina, que es democrática y tiene ángel. Hay culpa para quienes actuaron salvajemente, pero asimismo para Marcelo, que supone que de esta manera nos conducirá a mejores metas y niveles de vida: con circo, corrupción y tolerancia.

