Peña Nieto aprovechó la distracción de Ebrard para colarse en la elección capitalina de 2012 con una alianza con Arce
EL FINANCIERO Carlos Ramírez 08/06/11
Tan feliz que se veía Marcelo Ebrard en los mítines de Alejandro Encinas en el Estado de México, que la decisión de la Corte Suprema de quitar el porcentaje de militancia para los nuevos partidos en la capital de la República lo obligará a desentenderse de la elección mexiquense y atender el riesgo político de perder el gobierno del DF.
Además de significar un golpe político muy duro al autoritarismo con el que Ebrard ha gobernado la ciudad de México, la decisión de la Corte el lunes invalidó los candados que había puesto el jefe de gobierno al registro de nuevos partidos. La decisión de Ebrard tenía sólo un destinatario: el experredista René Arce. Ebrard le puso una vara de 2 por ciento de afiliados en las 16 delegaciones políticas, algo así como 140 mil militantes pero la Corte anuló esa condición.El efecto colateral de la decisión de la Corte Suprema ha prendido los focos de alarma en el gobierno capitalino. Se trató de una jugada de cuatro bandas: 1) Abrió espacios al grupo de René Arce a registrar un nuevo partido y competir por delegaciones y la misma jefatura de gobierno en 2012. 2) Abrió posibilidades de seguir profundizando la ruptura al interior del PRD del DF porque a muchos perredistas marginados por Ebrard y René Bejarano les quitaron parte del pastel y se pueden pasar al nuevo partido. 3) Le dio sentido, profundidad y sobre todo fuerza en el DF a la alianza mexiquense de René Arce con el PRI de Enrique Peña Nieto. Ahora se puede entender que no será Arce el que le dé votos mexiquenses al candidato oficial Eruviel Ávila, sino que Arce será el espacio político de penetración de Peña Nieto en las elecciones capitalinas de 2012. Algunas encuestas han comenzado a registrar lo que se llama el efecto Peña Nieto en el reposicionamiento del PRI en el DF, mientras se profundiza la ruptura de Ebrard con López Obrador y otras tribus perredistas. 4) Los planes de Ebrard de apropiarse del gobierno del DF e instalar, al viejo estilo priista, su propio cacicazgo de poder se vienen abajo porque ahora más que nunca Ebrard necesita de la alianza con López Obrador, ante la posibilidad de que el PRI y sus ahora aliados experredistas puedan hacerle un hoyo al PRD capitalino en las elecciones. Ebrard se había visto muy abusivo al poner la vara tan alta para el registro de nuevos partidos políticos, ante el temor de perder el control del PRD: 2 por ciento de afiliados de acuerdo con la lista nominal de electores, algo así como 140 mil personas. Más que promover una reforma política, se trataba de una verdadera restricción a la participación y la conformación de un sistema de partidos al viejo estilo priista que Ebrard conoció muy bien cuando fue destacado militante tricolor y secretario general del PRI en el DF. La vara de 2 por ciento era mucho más alta que la que tiene el Código Federal Electoral, cuyo inciso b del artículo 24 es más laxo para promover la militancia partidista en el punto de requisitos para registrar un partido político nacional: "b) Contar con tres mil afiliados en por lo menos veinte entidades federativas, o bien tener trescientos afiliados, en por lo menos doscientos distritos electorales uninominales, los cuales deberán contar con credencial para votar con fotografía correspondiente a dicha entidad o distrito, según sea el caso; bajo ninguna circunstancia, el número total de sus afiliados en el país podrá ser inferior al 0.26 por ciento del padrón electoral federal que haya sido utilizado en la elección federal ordinaria inmediata anterior a la presentación de la solicitud de que se trate." Para quitarse de competidores, Ebrard impuso el límite de 2 por ciento, contra el 0.26 por ciento del Cofipe. Sin embargo, el PRI promovió ante la Corte Suprema una acción de inconstitucionalidad; y ahora se han acomodado las piezas del tablero político: la alianza política del PRI con el experredista René Arce. Con la reforma, esa alianza política se convirtió ya en una amenaza electoral para el dominio político del PRD en la capital de la República. Lo de menos es que la Corte le haya encontrado contradicciones a la reforma Ebrard producto del descuido de la técnica jurídico-legislativa -fijar plazos determinados en una parte y otros diferentes en otras relacionadas-, porque la clave de la decisión del pleno de la Corte fue derogar los candados que había colocado Ebrard para impedirle a Arce y experredistas participar en los procesos electorales de 2012 en el DF. El ministro Fernando Franco González Salas exhibió el abuso político de Ebrard con cifras muy sencillas: comparar exigencias de militancia para un partido político nacional a uno capitalino. El resultado matemático quedó muy claro: "con el 9% de la lista nominal nacional, se exige (en el DF) un equivalente al 64% de lo que se exige a nivel nacional". El problema de fondo radica en la concepción de partido: una exigencia de 2 por ciento de afiliados obliga a las organizaciones partidistas a ser partidos corporativos de masas y no de votantes y obligaría también a los ciudadanos a afiliarse a un partido político para apoyar sus propuestas. Se trata del modelo priista de partidos organizados en sectores corporativos, retomado por el PRD aunque llevado a la degradación con la subdivisión en tribus internas que impiden la democracia interna y derivan en partidos de jefes de grupos. Se cumple en este modelo "la ley de hierro de la oligarquía" que denunciaba el sociólogo Robert Michels desde 1912: las dirigencias de los partidos derivan en oligarquías que no representan a los ciudadanos. Pero sobre todo, el fallo de la Corte modificó sustancialmente el escenario electoral del DF en 2012, abrió la puerta para que la corriente priista de Peña Nieto se meta en el sector perredista fracturado. Mientras Ebrard iba a hacer mítines a Toluca contra Peña, éste aprovechó la distracción de Ebrard para colarse en la elección capitalina de 2012 con una alianza con Arce.



