9 Sep 2010

Para documentar el catastrofismo del D.F.

CRÓNICA                     David Gutiérrez Fuentes (Opinión)                        09/09/10

A propósito de la conclusión de mi artículo anterior, una amiga me dijo “catastrofista”. Las últimas líneas del texto que me valieron ese adjetivo, decían: “En un plazo fatídicamente corto, la zona metropolitana se quedará sin agua, sin parques, fraccionada por vialidades privatizadas y dejará de tener atractivos para habitar en ella.”

Ayer se volcó una pipa de combustible sobre Viaducto Tlalpan. El sur de la ciudad se desquició una vez más. Además al parecer Reforma tuvo severos congestionamientos por los preparativos de la millonaria fiesta cívica que tendrá lugar el 15 de septiembre y que yo, si acaso, veré al día siguiente por internet en una versión resumida gracias a uno de los múltiples videos que compatriotas con agallas bicentenarias grabarán desde el lugar de los hechos y subirán al portal de youtube para el disfrute de quienes hemos encontrado en nuestras casas el refugio inevitable.

Alguna vez comenté que así como hay personas que sueñan con la posibilidad de ser astronautas por un día, políticos por un día e incluso narcos por un día (hay sondeos que dejan fuera del margen del sarcasmo este comentario); hay a quienes nos gustaría ser redactores de sondeos de opinión por un día. Aquella ocasión le di paso a un conjunto de preguntas para darle rienda suelta al humor, hoy vuelvo a asumir el papel de guionista factual pero con la máscara trágica para darle un tono menos chacotero a mi visión “catastrofista” de una ciudad sin remedio. Formulo una sola pregunta:

¿Crees, sinceramente, que la Ciudad de México sea viable en el corto plazo?  Sí__ No__

Yo creo que no y te voy a explicar por qué. El crecimiento de la ciudad no tiene orden ni lógica. Tanto las obras viales, como las de casa habitación y de oficinas, nos están restando movilidad. La mayoría de las construcciones sale adelante en medio de mordidas y componendas de pequeña o gran envergadura. Vivimos en una ciudad en permanente proceso de demolición y con extensas zonas con severos problemas de agua.

Tan pronto termina una obra, se construyen tres más que se extrapolan, chocan entre sí y contribuyen a la arteriosclerosis de la enferma gorda, que se empeña en tener un ángel como emblema aunque eso la torne más patética y ruinosa.  En Tlalpan, en lapso de doce años, el exceso de permisos de construcción le restó movilidad a la delegación. Por las mañanas miles de vehículos enloquecidos tratan de hallar la ruta más rápida al trabajo o la escuela de sus hijos. El metrobús se satura y hay que esperar hasta dos turnos para entrar a empellones a una unidad.

En el resto de la ciudad, muchos automovilistas desvían sus rutas por caminos tortuosos debido a que hay obras que los conminan a tomar “vías alternas” de manera “temporal”, creando una falsa ilusión de que al finalizar los lapsos de fastidiosa alternancia vial la ciudad se recuperará y ganará movilidad. Pero eso es una utopía, o dicho en buen mexicano, una pendejada.

Tanto en sus fines como en sus bondades públicas, los proyectos del líder de los alcaldes que abogan por la sustentabilidad son antagónicos. Qué bueno que tendremos una línea nueva del metro, pero a cambio padeceremos un segundo piso de peaje cuyas entradas y salidas apenas empiezan a planificarse y recaerán sin duda en la saturación de más vialidades y la generación de nuevos e inevitables cuellos de botella.

Si a esta falta de planeación de la cual Ebrard no es el único responsable (pero sí socio histórico y presumiblemente comercial), le añadimos que hacia donde dirijamos la vista no hay ningún indicio de que pare la saturación de cemento y varilla, podrían evaluar si soy o no catastrofista. Para colmo, la ciudad está siendo el escenario de un flujo migratorio más acelerado que el de costumbre debido a la inseguridad que priva en otras ciudades y poblaciones del país. Un elemento desmoralizante es que muchos de los ciudadanos que están dando la lucha por los espacios públicos y la sustentabilidad real de la ciudad son gente que sobrepasa en promedio los treinta años de edad y eso sí es catastrófico. (...)

Más info: http://www.cronica.com.mx/notaOpinion.php?id_nota=530952