Masacre arborea y colapsos viales
El sábado pasado, varios amigos que no tienen Twitter, el radar más efectivo para monitorear el tráfico, me hablaron a mi casa, pues saben que se ubica al sur de la ciudad. La pregunta, más o menos insistente y similar, era: ¿Oye, David, no sabes qué pasa?. ¿Estoy sobre Insurgentes o Viaducto Tlalpan y la circulación se encuentra prácticamente detenida? A muchos les respondí que eso no era novedad. Desde que abrieron la ruta del Metrobús y le restaron un carril a Insurgentes sin ningún tipo de planeación, el desplazamiento en la delegación Tlalpan se paralizó por completo. Este problema se agudiza particularmente por las mañanas, las tardes y los fines de semana en los que se improvisan carriles reversibles que resuelven de manera parcial el conflicto pero le complican el desplazamiento a quienes ingresan a Chilangolandia procedentes del estado de Morelos, Guerre
ro o a quienes sencillamente se quieren mover por su ciudad.
Yo tampoco tengo cuenta en Twitter, ni helicóptero para visualizar desde las alturas el estado terminal de las lamentables arterias que sirven para comunicar al Distrito Federal, pero dispongo de otros recursos de comunicación digitales, alimentados por las redes sociales y otros medios de información más o menos formales. Me llevó un minuto enterarme de lo que estaba sucediendo. Las imágenes eran atroces, los restos de un microbús partido por la mitad, como si se tratara de una res metálica abierta en canal al lado de una camioneta azul volteada de manera aparatosa sobre la calle, eran suficientes para responder a las preguntas de mis inquietos interlocutores telefónicos que se conformaron con un escueto: “va para largo, mejor regrésate o bien utiliza otra ruta”. Al día siguiente, una gran cantidad de medios destacaron esta lamentable nota roja entre sus páginas principales. El accidente, por supuesto, ha tenido otras secuelas porque está vinculado con el dolor de la muerte y una gran cantidad de historias correlacionadas y vinculadas obviamente a la irresponsabilidad de muchos actores, y no sólo la de un chofer que jugaba carreritas en un vejestorio sin frenos. De este largo preámbulo, rescato las palabras expresadas a mis amigos, que resumo así: “regrésate o toma otra ruta” ¿En qué estaba pensando? El accidente agravó más los patrones de desplazamiento tortuoso pero, ¿podían dar marcha atrás o aventurarse por senderos inhóspitos y de mayor movilidad? Por supuesto que no, desde hace mucho tiempo, salvo en muy acotados horarios, y en determinados espacios, el desplazamiento automovilístico en la ciudad de México se colapsó. La causa real de este fenómeno, obedece al desmedido crecimiento del parque vehicular que se agravará todavía más cuando la medida que le condona a los capitalinos el pago de la tenencia, entre en vigor. No soy urbanista, aunque otros ya han hecho críticas fundamentadas al respecto, pero el asunto es que quienes sostienen que el segundo piso del periférico concesionado a la iniciativa privada mitigará esta problemática, se encuentran equivocados.
Las obras de ampliación (si nos atenemos a los rastros de obra civil que va dejando el segundo piso en tramos concluidos o a medias en esta ciudad de ruinas perennes), anticipan una mayor saturación por lo menos en la avenida Insurgentes. Con mucha probabilidad, la colocación de pilotes que sostienen a las llamadas ballenas, implicará la perforación de los túneles del periférico en su cruce con Insurgentes, y por muy delgados que sean éstos, tienen un ancho. Quienes no viajen fuera de la ciudad, los vehículos pesados, a quienes no les dé la gana pagar peaje interno y a los peatones ¿qué les depara el segundo piso? En el cruce referido, y en ambas direcciones, hay sólo un carril con estrechas banquetas en cada sentido más las respectivas laterales. Supongo que dicho tramo está resuelto de manera inteligente para no fastidiar a quienes circulan por abajo tanto de lo que en un futuro será la, llamémosle, planta baja del periférico, como para quienes circulan por Insurgentes. La gran arbitrariedad que ha traído consigo esta obra que definitivamente no concluirá en los tiempos previstos y le explotará en la cara al candidato de izquierda en pleno periodo electoral, no es únicamente la privatización del espacio público, sino la pauperización de zonas de libre circulación.
El ecocidio (tala indiscriminada de árboles), no sólo está afectando zonas de conservación, afectará amplias zonas arboladas del sur de la ciudad con la complacencia de las autoridades ambientales y delegacionales en turno, que van realizando una tala hormiga y nocturna en todos los lugares a donde llega la civilización concesionada. Además, sepultará en la penumbra a muchas de las esculturas de la ruta de la amistad. El sólo tramo que va de la zona de hospitales a El Caminero sobre Viaducto Tlalpan, a menos que lo resuelvan con un túnel, hecho que veo poco probable, se traducirá en una nueva masacre arbórea. ¿Y los residentes de La Joya, Club de Golf México y colonias que se verán afectas?

