Marcelo, el rey que quería ser rey
EXCELSIOR René Aviles Fabila 20/09/09
Como muchos anticiparon, el grito del 15 y el Informe de Marcelo Ebrard fueron tediosos, faltos de imaginación y sin ningún sentido autocrítico. Como su administración, se orienta por caprichos; queda claro que ni él mismo sabe a dónde va. Aprovechó ambos momentos para lanzar severas diatribas al gobierno de Felipe Calderón cuando el suyo está peor. Es una obra cómica llamada El burro hablando de orejas. Los diarios anticipaban su informe como retroceso político, un regreso a los peores momentos del PRI, sin que hubiera una voz que lo cuestionara en una Asamblea Legislativa muda y especializada en aplausos. Su interés en ser candidato presidencial y reivindicar a su grupo real, el de Manuel Camacho que tan cerca estuvo de Carlos Salinas, lo lleva a pelear en varios frentes sin ninguna agudeza, sin estrategia a no ser la típica del perredismo: golpear al gobierno de Calderón y morder más de lo que puede engullir.
Marcelo busca la presidencia de México, no la tendrá jamás con políticas equivocadas. Su empeño en ganar a toda costa el DF completo lo puso en evidencia como hombre rencoroso, desesperado, incapaz de diálogo y escasamente ilustrado en lo suyo: la política. Su actuación en Coyoacán, Cuajimalpa y Miguel Hidalgo mostró más lodo que argumentos. (...)
Marcelo es una arrogante envoltura que oculta a un pésimo político. (...)
Que Ebrard es dueño de la Asamblea Legislativa, está por verse, entre los miembros de su partido abundan los corruptos y ambiciosos, para qué dar nombres: hace poco Ciro Gómez Leyva hizo un recuento atinado. Que puede ser candidato presidencial, como afirma Ricardo Alemán, no lo dudo, el problema es ver qué partido lo abanderará y cómo harán organismos totalmente enfangados como el PRD, el PT o Convergencia para ponerlo en Los Pinos. (...)
El PRD capitalino concentró a auténticos gángsters en el poder, actúan como tales, nadie vive pobre y están obsesionados con su nuevo nivel de riquezas, la corrupción es su esencia, han dejado solo a Obrador porque su avanzado grado de locura pone en riesgo sus posiciones. Su grito, el de los “libres”, fue una prueba más de su caída, como antes lo fue el descubrimiento de una estrella del firmamento político mexicano: el inaudito Juanito, símbolo del bajo nivel de la política capitalina y de los medios de comunicación.
Ebrard tiene derecho a ser candidato presidencial y nosotros a rechazarlo porque en sus muchos años de actividad política únicamente ha podido resistir y tener éxito merced a sus alianzas: primero con Manuel Camacho y luego con López Obrador. Suponer que es posible mal gobernar y encima echarle la culpa de los males a Calderón, es un error de primaria. Dentro de poco tiempo veremos que la historia lo pone en el basurero y será un mal recuerdo de playas artificiales, pistas de hielo y ruidosos festejos en plazas públicas que no bastaron para hacernos creer que era Churchill, Roosvelt o el general Cárdenas. Es simplemente un hombre mediocre al que por sus errores se le agota la buena suerte.


