Las “izquierdas” se dividen
EXCELSIOR Por: René Avilés Fabila 17/07/11
Ebrard, que no tiene más méritos que contribuir al caos capitalino y la lealtad al jefe en turno, cuenta con impresionar a los medios y convencer sobre todo a los habitantes del DF, de sus cualidades de hombre avanzado, mientras a su alrededor florece la peor corrupción, la demagogia y una clara ineptitud. Obrador confía en sus vaivenes: hoy es un hombre de fe, dulce y magnánimo, detesta el dinero, pero respeta a quien lo hizo con honradez, cree en las instituciones que antes mandó al diablo. Al mismo tiempo muestra los colmillos: será candidato y peleará por los pobres. Desde las alturas, Cuauhtémoc Cárdenas mantiene sus galimatías vivos al no responder una sola pregunta sino remitirlas a otras dudas. El líder moral del PRD ha dejado la corona de laureles que le endilgaron sus peores criaturas: ya le sacaron los ojos, pero AMLO está a punto de saber lo que padeció el tres veces candidato presidencial, el político que le dio a los perredistas el mejor regalo posible: la ciudad capital, desde donde han conseguido recursos infinitos y se han fogueado en corrupción del peor estilo.
El parricidio en México es una institución sólida: nadie escapa de llevarlo a cabo. Cárdenas intentó matar al PRI y cada presidente ha eliminado a su antecesor. Obrador desapareció al creador del PRD y le dio un poder inaudito a un personaje que apenas podía hablar correctamente. ¿Por qué no debería Ebrard eclipsar a Obrador? De hecho, lleva tiempo poniéndole dinamita al pedestal. Su ex jefe, quien tanto se esmeró por hacerlo crecer ante la “izquierda”, quiere seguir la ruta de Cuauhtémoc: ser candidato hasta que los simpatizantes se aburran. Luego la masa se volverá rencorosa y buscará en otro caudillo lo que no halló en el pasado. El triste futuro de AMLO es ser el líder moral II. Ahora Marcelo crea, entre otros, un grupo llamado “Demócratas de izquierda”, lo que supone que los hay de derecha, y López pone su vida en Morena, para enfrentarse con baldes de fango.
Buscar alianzas es una necesidad. No hay otra manera de ganar y consolidar el poder. El PRI busca al Panal para sumarlo a sus desmesurados satélites, de allí el coqueteo con Elba Esther. Ebrard requiere que al menos el PRD y algunas de sus mafias lo unjan candidato. Obrador recurre a su propia organización, la que ya moviliza, según él, millones de mexicanos. El PAN sigue sin rumbo, aunque ya despegó un puntero, Creel. Otros lo seguirán ante la parálisis de Calderón. Las alianzas no le funcionan más, tendría que supeditarse a la humillación, aceptar un perredista o buscar un “ciudadano”. Ninguno de estos partidos tiene una solución simple, luego de que el PRI logró derrotarlos estrepitosamente.
Las “izquierdas” tocaron las puertas del cielo con Cárdenas y Obrador. Hoy se quedarán antes del vestíbulo, no importan sus coaliciones con la derecha, por una sola razón: el PAN no tolerará, luego de 12 años de vivir en Los Pinos, supeditarse a sus antiguos enemigos y de hacerlo, perderán toda credibilidad, como en el Estado de México. Solas y divididas quedaron las “izquierdas”, todo por ponerse a las órdenes de ex priistas y creer en el PAN.
MILENIO Por: Federico Berrueto 24/07/11
(...)
Por razones políticas y no por encuesta, el candidato de la izquierda será y debe ser López Obrador. Ebrard ha sido un aventurero partidista, un polizonte en el tren del poder. Lo mismo ha militado —siempre en la cúpula— en el PRI, el PVEM y ahora el PRD. Buscó al PAN y a Calderón para ser candidato de la alianza izquierda con la derecha; le han cerrado la puerta. Es políticamente inteligente y electoralmente competitivo, pero la izquierda requiere quien lo represente, no quien se sirva de ésta.



