13 Feb 2012

La Ley del Puchero

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LA RAZÓN Por: Gil Games 13/02/12

Gil pone un pie en la semana que empieza seguido muy de cerca por la confusión: por un lado hay precandidatos, candidatos virtuales, candidatos sin adjetivos; por otro, hay precampañas, campañas, silencios de campaña, sonido de campaña. Gamés ha aprendido que todos los candidatos y todas las campañas ocurren al mismo tiempo. Puede incurrirse en responsabilidad jurídica si se entrevista a un candidato virtual mientras pasa como una ráfaga el silencio de la campaña; o bien, un candidato virtual, casi casi candidato presidencial de verdad nada podrá hacer hasta el 30 de marzo, pero antes hizo sonido de campaña en cada rincón del país. Está raro.

A juzgar por las apariencias, los partidos que aprobaron la ley electoral querían ofrecer una comida en tres tiempos y entregaron un puchero. Entra el cucharón por la papa y sale la zanahoria, regresa por el pollo y sale cilantro. Se preguntarán ustedes a qué viene este símil culinario de la ley electoral, Gilga también se lo pregunta.

Estandartes, banderines, mantas, afiches, no hay un poste o una barda que no haya sido vandalizado, por llamar así a las campañas, o precampañas, ¿lo ven? Un lío. Gil cometió la imprudencia de caminar unas cuantas cuadras en el barrio donde habita; oh, sí. Y tú, ¿dónde habitas? Contó 89 sonrisas de personas muy agradables. Gamés ve a los precandidatos, o candidatos, ¿lo ven?, otra vez, y no los prejuzga, los juzga. Fue así como le montó un juicio sin precedente a Dolores Padierna, precandidata al Senado. Gamés considera un castigo inmerecido abrir la puerta de casa y encontrarse con la señora Padierna. Dar vuelta en la esquina y sobresaltarse al ver de nuevo a mamá Dolores. Levantar la urbana cabeza y sentir un pálpito, algo extraño en el pecho debido al golpe neurológico que implica ver a Padierna. No hay derecho.

Señoras y señores, Gil les informa que hay una inundación de padiernas. ¿Quén pompó campañita? ¿René con sus ligas? Mucho ambulante, mucho taxi pirata, mucha Nueva Tenochtitlan, mucha delegación Cuauhtémoc, mucha secretaría general del PRD. La verdad, a Dolores le alcanzaría el billete para tapizar con su efigie hasta Pachuca, pero no se puede porque en la Bella Airosa las campañas son aún precampañas, o como lo diga la Ley del Puchero.

Gil se llevó los dedos índice y pulgar al nacimiento de la nariz y caviló: aquí hay complejidades. Véanlo bien: una de las más dudosas políticas de México nos observa desde innumerables miradores. Su marido fue transmitido en cadena nacional llevándose un maletín lleno de dinero que le entregó un empresario corrupto. Bejarano paró con sus huesos en la cárcel. Y luego, la muy oportuna amnesia perredista le devuelve su carnet del partido y le entregan a su esposa la mitad del PRD. Tamos fritos.

Puestas así las cosas, Gil no sabe lo que ocurrió el fin de semana que se ha llevado el mes de febrero. Miguel Ángel Mancera, ¿ya es candidato? Correcto, pues el candidato le dio cuerda a todas las tribus perredistas, les pidió unidad: “Les pido que tengan confianza, porque voy a encabezar, a representar sus intereses con toda responsabilidad”. Gilga caminó sobre la duela de cedro blanco con las manos entrelazadas en la espalda y farfulló una pregunta: ¿y cuáles serán esos intereses? Porque tratándose de las tribus perredistas, a Gil se le ocurren unas ideas y unos intereses inenarrables. Miguel Ángel Mancera topará tarde o temprano con uno de los miradores de Dolores Padierna, entonces ese día se verá de qué correas salen más cueros; en fin, lo que Gilga quería decir es que se encuentra sumamente confundido.

La sentencia de Braque se ocultó en el ático y a su debido tiempo espetó: “La verdad existe, sólo se inventa la mentira”.