La corrupción del PRD en Tlalpan
René Avilés Fabila
Viernes 3 de Julio, 2009En más de un artículo en este prestigioso diario he manifestado mi rechazo a la intensa corrupción perredista. La he visto en general en el DF y en particular en la delegación donde vivo, Tlalpan. Desde que llegaron con [Salvador Martínez de la Rocca, alias] El Pino a la cabeza, arrancaron multitud de actos para utilizar el poder en beneficio propio. Una de las personas que fundaron el PRD junto con Cuauhtémoc Cárdenas explicaba con sencillez beatífica que los saqueos y negocios hechos en cada zona perredista se debía a que tales políticos venían de orígenes muy pobres y necesitaban aprovechar los cargos públicos. Parece un mal chiste, pero es cierto. Un caso evidente es Alejandra Barrales.Una y otra vez los vecinos de Tlalpan acudimos en busca de solución a nuestros problemas crecientes: vendedores ambulantes, inseguridad, basura, visibles negocios de los “servidores públicos” de la zona. Jamás nos atendieron. Cárdenas nos mandó con Rosario Robles y ésta nos regañó con violencia: dijo que no toleraría “campañitas contra su partido”. El colmo fue cuando descubrieron un negocio espectacular que, además de dinero, les daría votos de jóvenes: el Festival Ollin Kan. Aquello tuvo un éxito impresionante y el dinero comenzó a fluir bajo el lema de Resistencia. Ignoro qué signifique esta palabra, pero dudo que vaya más allá de la resistencia que los vecinos del Bosque de Tlalpan hemos dado contra la corrupción perredista. Ya con Guillermo Sánchez Torres como delegado –quien pronto será diputado local– y su director de Cultura, un tal José [Luis] Cruz [Antonio], que se hace pasar por dueño de una maestría, hicieron del citado bosque una especie de auditorio para grandes festivales y fiestas particulares. Para defendernos de tocadas que iban de jueves a domingo hasta las dos o tres de la madrugada, y que impedían el descanso, creamos una asociación. Lo fundamental era salvar una de las últimas áreas naturales protegidas de la capital, a la que, además, querían ponerle una pista de hielo.Fuimos a todo tipo de instancias legales y finalmente los tlalpenses logramos al menos que el bosque no fuera destruido con un festival tumultuoso, donde vendían alcohol y circulaban las drogas y el final era coronado con grafitis en cuanta casa se topaban los muchachos en su regreso a casa.Ayer La Crónica publicó una nota que me llamó la atención. La Delegación de Tlalpan se ha negado sistemáticamente a informar acerca del costo de cada festival, que dura algo así como un mes cada año. La Oficina de Transparencia de Tlalpan negó toda información al respecto. Así deben estar las cosas. El Festival Ollin Kan era un pingüe negocio que teñían de intenciones sociales, pero servía para hacerle publicidad al PRD y en particular al delegado en turno. Recuerdo que en una noche, el tal Cruz azuzó a los jóvenes diciendo que los vecinos de la zona no éramos más que burgueses que queríamos el bosque como jardín nuestro y que nos quejábamos porque no podíamos dormir. Ése era el tono. Ahora que veo la nota de Josué Huerta entiendo mejor las cosas. Con ese dinero no sólo se enriquecían sino que montaban redes de complicidades para seguir medrando en la política. Un ex delegado, Eliseo Moyao, ahora será diputado federal; el candidato a titular la delegación, Higinio Chávez, aún es diputado federal y Guillermo Sánchez Torres tiene asegurado su sitio en la Asamblea Legislativa del DF (ALDF). Indignan los niveles de corrupción del PRD en el DF y las redes de autoayuda e impunidad. Ahora que su partido se hunde visiblemente, Marcelo Ebrard trata de conservar la ciudad capital, ¿de qué otra manera podría ser candidato presidencial en 2012? De allí que estén haciendo hasta lo imposible por ganar. Alguien suspicaz podría preguntarme que si la corrupción es tan grande, ¿por qué siguen en el poder? La respuesta es evidente: por la misma podredumbre. Hace tres días, Reforma publicó una fotografía memorable para la historia universal de la infamia: los actuales candidatos perredistas de Tlalpan entregando con todo cinismo aparatos electrodomésticos para comprar votos. Los demás trucos los utilizan de modo exhaustivo. De tal suerte que no dudo que ganarán en Tlalpan y en casi todas las delegaciones, si acaso se salvarán Benito Juárez y Miguel Hidalgo. Dudo que el PAN consiga Coyoacán, por más esfuerzos que haya hecho Obdulio Ávila. Para el siguiente proceso electoral, el presidencial, un PRD dividido, sin ideología, sin caudillos, tratará inútilmente de llevar a cabo la hazaña de conquistar Los Pinos con Marcelo Ebrard, el prototipo de niño bien, formado en la escuela de Carlos Salinas, compañero de rencores de Manuel Camacho, pero, eso sí, con todo el DF atrás suyo.
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