La ciudad busca candidato
EL UNIVERSAL Por: Rafael Pérez Gay 12/01/12
No menos cierto es que los seis precandidatos han formado parte de los gobiernos de una ciudad progresista y tolerante, de cepa democrática y raíz combativa, una ciudad moderna, enloquecida, en muchos aspectos ingobernable y, con todo, funcionando a diario, al límite y cercada por sus problemas si se quiere, pero en funciones. Gran paradoja: los avances de las libertades civiles, de la rebelión de la intimidad, de las leyes en defensa de las minorías sexuales, la ciudad con un marco jurídico en favor de la mujer y las decisiones sobre su cuerpo, la lucha contra la discriminación y el racismo son logros de un gobierno que proviene de un partido antidemocrático, desaseado, clientelar y dogmático.
Como sea, ellos serán gobierno si le ganan la cabeza al PRI y al PAN. No sé si exagero, pero mientras escuchaba las distintas propuestas, las diferentes miradas sobre la ciudad, las promesas de cada uno de ellos acerca del porvenir de quienes vivimos en esta sucursal del infierno, al final los debates tratan de promesas, creí ver la sombra de Beatriz Paredes en guardia, a la espera de un buen viento para entrar triunfante al viejo ayuntamiento de la ciudad de México y subir la escalera monumental que le añadieron en 1934 a ese edificio que ha visto pasar por sus arcos la historia completa de la ciudad.
Mancera se llevó a casa la victoria. Ganó el debate. Como suele pasar en estas exhibiciones, no basta con decir lo que se quiere, hay que trasmitir la inminencia de una acción inmediata. El estilo poco estridente de Mancera, la maneras suaves, la serenidad y, a la vez, la fuerza decisiva, seguramente se impondrán en la encuesta que viene. Seguridad en las calles, honestidad a toda prueba en el ejercicio del presupuesto, deslinde de la maraña de compromisos perredistas en la ciudad, una tercia de ases con la cual Mancera podría convertirse en el candidato del Movimiento Progresista. Más les vale. Cualquier otro podría poner en riesgo 15 años de gobiernos perredistas en la ciudad de México.
Escribí cualquier otro y no otra. Según mis cuentas, Alejandra Barrales no hizo grandes propuestas, pero va al punto rápido: empleo, transporte, vivienda. Habla bien y el tono sedoso puede volverse autoridad inmediata. No es poca cosa. Obvio: la siguen las hordas clientelares, las líderes fulminantes de los barrios y los ambulantes, los energúmenos de la transa transportista, los ilegales que no están dispuestos a perder sus privilegios en la ciudad. Lamentable, pero no es poca cosa, y sobre todo: nada como una mujer para contender frente a otra mujer o a otras dos mujeres si, como se dice, el PAN postula a María Helena Morera como candidata.
El resto de los aspirantes: pocas posibilidades de ganar, ellos tendrán un lugar en el escenario perredista después de la encuesta, cuando se apaguen los reflectores. Carlos Navarrete es mucho mejor de lo que le ha permitido demostrar la maldición de López Obrador. Cuando sintió el pulso de la contienda, declinó a favor de Alejandra Barrales. Joel Ortega debatió con el conocimiento claro de que perderá de todas todas; centró su idea de ciudad en las becas para los jóvenes y los incentivos en barrios violentos para combatir la desigualdad urbana del DF.
Martí Batres afirma que viene de los tiempos de la calle y que ha acompañado a López Obrador con fidelidad a prueba de rayos y centellas. No le falta razón, Batres se encargó de llevar adelante el castigo que López Obrador le impuso a la ciudad durante la desastrosa campaña en la cual gastó su enorme fuerza electoral. Batres sabe tanto de la ciudad como de los bajos fondos urbanos, en donde ha crecido, a cadenazos, y amasando un pequeño capital político. Y Fernández Noroña: una vacilada del tamaño de sus majaderías y bufonadas, una pérdida de tiempo. Para ser congruente, el diputado petista debió retar a golpes a sus compañeros de debate. Así está la cosa, la moneda en el aire perfila el rostro tranquilo de Mancera. Insisto: más les vale.



