9 Mar 2011

Toc, toc, Ing. Carlos Slim: Hablando de la Ley de Establecimientos Mercantiles y Protección Civil del DF: ¿Es segura la Torre Latinoamericana?

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EL UNIVERSAL                   Homero Bazán                     09/03/11

Tengo un amigo que trabaja desde hace meses en la Torre Latinoamericana, otrora el edificio más alto de la ciudad y símbolo de su modernidad, sin embargo, mi camarada me comentó su preocupación porque el lugar carece de sistemas actualizados para hacer frente a siniestros. ¡Pero si es un edificio emblemático, tiene más de cincuenta años en pie!, respondí, añadiendo que ni los temblores de 1957 ni el de 1985 habían afectado al inmueble.
Mi amigo me invitó a realizar, de incógnito, un extenso tour de más de tres horas por esta famosa torre, que en su opinión, es hoy bastante decrépita en comparación con los nuevos estándares de seguridad. Al llegar, me sorprendió de entrada que en los diversos pisos de la torre no existen detectores de humo ni sistemas automáticos contra incendio, manteniendo sólo los antiguos hidrantes, así como extinguidores convencionales.

En mis pesquisas me enteré que cada mueble o alfombra que ingresa al edificio es cubierta con una sustancia retardante de fuego, sin embargo esta medida contrasta con el riesgo del almacenaje de archivos de papel que se realiza en muchas de sus oficinas, donde se acomodan incluso contra las ventanas, esto puede verse a simple vista desde el exterior. Si usted se coloca en la esquina de Juárez y Eje Central y mira hacia la Torre Latinoamericana, podrá ver en la primera sección del edificio muchas ventanas colmadas de archivos inflamables.

Aunque en el edificio no existen instalaciones de gas, incluyendo al restaurante ubicado cerca del mirador, la medida se inutiliza con el riesgo de otros aparatos eléctricos que funcionan a base de resistencias de alto calibre. Fuimos testigos de cómo en algunas oficinas y consultorios hay cafeteras eléctricas colocadas sobre mesas colmadas de documentos inflamables, e incluso en el piso 16, donde se encuentra la Administración del edificio, opera un salón de belleza con antiguas secadoras de cabello para hacer el permanente y que tantos cortos circuitos han causado en otros inmuebles.

Terminada de construir en 1956 y con 43 pisos de oficinas, la Torre Latino no tiene muros de carga y se sostiene con 361 columnas empotradas. No tiene gatos hidráulicos y ha resistido los terremotos por lo que se describe como un sistema flotante, es decir, sus cimientos, según nos explicaron, se conectan con el manto freático.

Tampoco cuenta con estacionamiento propio y mantiene un convenio para aparcar autos con un inmueble ubicado en la calle de Gante.

El costo de renta de las oficinas es de aproximadamente $100 pesos mensuales por metro cuadrado y tiene seis elevadores, dos de ellos llegan hasta el piso 11, uno hasta el piso 37 y otros tres destinados a oficinas.

El grupo 19 de Septiembre, de Protección Civil, es el encargado de los simulacros de siniestros que se realizan cada año en el edificio. No obstante la torre sólo tiene escaleras internas en caso de cualquier contingencia, algo que en pruebas internacionales ha probado ser el primer lugar en llenarse de humo tóxico en caso de incendio.

También nos llamó la atención las diversas placas que exhibe el edificio en su vestíbulo principal, como reconocimiento por parte de diversas instituciones, incluyendo algunas que lo nombran “edificio inteligente”, aún cuando carece de por lo menos la mitad de los sistemas aplicados como estándar a otros rascacielos capitalinos desde hace 20 años.

Nada sería más triste y lamentable que un siniestro ocurriera en la emblemática Torre Latinoamericana, sobre todo por cuestiones de riesgo que podrían evitarse con la simple implementación de un nuevo reglamento interno de su seguridad. Esperamos en verdad que estas observaciones no resulten proféticas y que como siempre, el pozo no sea tapado después del niño ahogado.

Más info: http://www.eluniversal.com.mx/editoriales/51965.html