Estela de Luz: reflejo del fracaso
Foto que favorece a la Estela; si se le ve de frente junto a la Torre Mayor parece un polín parado. 72 horas después de la inauguración de la Estela de Luz seguían las obras en sus alrededores. Foto: Alejandro Mendoza
REFORMA Por: Alejandro Rosas 15/01/12
El 16 de septiembre de 1910, Porfirio Díaz inauguró la columna de la independencia en una ceremonia sencilla que, sin embargo, fue el evento más significativo de las fiestas del Centenario. La sociedad recibió con beneplácito el monumento; en poco tiempo se convirtió en un icono y la victoria alada se transformó en "el ángel" del Paseo de la Reforma.
La primera piedra del monumento había sido colocada desde enero de 1902; su construcción enfrentó una serie de problemas de cálculo y en 1907, cuando la obra alcanzaba 20 metros de altura –de los 45 totales–, la columna perdió verticalidad. A tres años de los festejos, el gobierno se dio el lujo de mandarla desmontar y cimentar de nuevo. A pesar del contratiempo, la victoria alada diseñada para conmemorar el Centenario estaba lista desde agosto de 1910, un mes antes del 16 de septiembre, fecha señalada para su develación.El Centenario de la Independencia fue la apoteosis del régimen porfirista. México llegó a septiembre de 1910 con un proyecto nacional sólido –construido a lo largo de 30 años– pero establecido bajo el más férreo autoritarismo de una dictadura. El orden, la paz y el progreso se reflejaban en la columna de la independencia; representaba una época, la transformación de un país que vivió bajo la sombra de la anarquía durante la mayor parte del siglo XIX y que había logrado ingresar al camino de la modernización en poco tiempo.101 años despuésEn el fallido monumento conmemorativo del 2010 + 1 lo importante no es la forma, sino el fondo. Las consideraciones arquitectónicas, estéticas o urbanísticas pueden quedarse al margen porque parten de visiones subjetivas. La Estela de Luz refleja, en primera instancia, lo que no fue el 2010. Fecha simbólica, pasará a la historia como otra oportunidad que se perdió.El 2010 se presentaba como el momento preciso para replantear al país, para refundar muchas de sus estructuras políticas, para convocar, para sumar, para distender la polarización, para establecer un proyecto de nación con todo y sus diferencias; era la oportunidad para que la fracasada clase política de la transición –que tiene paralizado al país desde la alternancia del 2000– asumiera su responsabilidad frente a la realidad nacional, pero nada sucedió.La Estela de Luz, la noche del grito del 2010, el desfile de carnaval, el asunto de los restos patrios, las banderas regaladas, los espectáculos de luz y sonido, los fuegos de artificio y el presupuesto gastado hubieran sido considerados como algo normal –como sucede en otros países en sus grandes conmemoraciones–, si el Bicentenario hubiera tenido coordinación, sustancia, reflexión, autocrítica del gobierno, de todas las fuerzas políticas y de la propia sociedad. Pero todo se quedó en la forma. A pesar de las críticas al gobierno, la responsabilidad por el fracaso del 2010 es compartida.Entregada más de un año después del Bicentenario –como si nos hubiera tomado por sorpresa el 2010–, con cualquier cantidad de problemas de transparencia y desorganización, y excesivamente costosa, la Estela de Luz refleja el país que somos hoy, un país de muchos fracasos y pocos éxitos, donde las cosas se hacen al vapor, con mediocridad, sin planeación, un país de ocurrencias, donde los problemas se resuelven a medias y tarde. Un país que navega a la deriva y que continúa polarizado.El luminoso monumento conmemorativo representa la tensión entre el pasado autoritario, impune y antidemocrático pero desgraciadamente efectivo –nadie puede imaginar que los encargados de la obra le hubieran entregado tarde al presidente Díaz o a López Portillo– y el presente democrático, inconsistente, desordenado y poco eficaz. Entre ambos mundos gravita el futuro de México. Ojalá que con el tiempo la Estela de Luz sólo sea el recuerdo de una mala época y que, dejando atrás el anecdótico episodio, la democracia haya arraigado como una forma de vida para la construcción de un país distinto.El autor es historiador y escritor. Su obra mas reciente es "365 días para conocer la historia de México", (Planeta, 2011).


