7 Dec 2009

El turibús político de Marcelo

CRÓNICA                         René Avilés Fabila                             07/12/09

Desde ayer, la capital mexicana tiene una nueva forma de atraer al turismo y al mismo tiempo divertir a los habitantes del DF: el turibús político, la última maniobra del inigualable Marcelo Ebrard. Es un recorrido por las principales arterias de la ciudad, donde quienes conducen el autobús son los propios funcionarios del gobierno y miembros del PRD. A saber, hay cinco rutas: el primero sale de un costado del Auditorio Nacional y lo maneja el mismísimo Marcelo. Se espera que, apoyado por los medios de comunicación, siempre interesados en las hazañas de nuestros mejores mexicanos, el recorrido sea un éxito.

Ayer domingo, Marcelo, vestido como chofer y guía turístico, con sombrero charro y una pistola (falsa, desde luego) al cinto, dio el banderazo y condujo el circuito que dura ocho horas por las dificultades del tránsito y por la multitud de sitios que visita. Cabe advertir que allí mismo Alejandra Barrales, Dolores Padierna y Clara Brugada reparten lonchibonos, para alimentar a las personas de pocos ingresos que toman el turibús: consisten en un sándwich, refresco de cola y una bolsa de doritos. A los de la tercera edad no se les cobra. Ello es parte de un amplio proyecto turístico y de apoyo social a los capitalinos de escasos recursos. El patrocinio, aunque es privado, a nadie del PRD le molestó y eso tiene regocijadas a las tribus y mafias. Nuestro reportero René Avilés Fabila estuvo en el primer recorrido y nos relata la odisea. Le dejamos la palabra.

Luego de una breve y patriótica explicación, Marcelo Ebrard condujo con habilidad el autobús rojo con un ángel, símbolo de la ciudad y de millones de aficionados al futbol. La primera parada fue en el Paseo de la Reforma, donde el guía explicó que cruzábamos por entre miles de manifestantes que iban a Los Pinos a protestar por la pésima política de Felipe Calderón. Marcelo tenía que gritar, pues a pesar del micrófono el ruido era terrible. “Se siente, se escucha, el pueblo está presente”. Llegamos al Monumento a la Revolución justo para oír el discurso de Martín Esparza, solicitando diálogo con las autoridades y que todos los que han recibido su indemnización y quienes la han rechazado sigan gozando de los beneficios del Seguro Social. Enseguida, el líder del STUNAM, Agustín Rodríguez, dijo que no, que mejor fueran con los trabajadores a un paro general o, ¿por qué no?, a “la insurrección popular”. En este momento, Marcelo, conciliador, explicó que él, en lo personal, estaba por la vía electoral, aunque Camacho y López Obrador estaban endureciéndose al respecto.

De allí pasamos a la Zona Rosa. Marcelo dijo: Aquí pronto en lugar de calles tendremos canales, como en Venecia, y la policía encargada de vigilar no será ni la charra ni la bilingüe, será una nueva, la acuática, semejante a la que patrulla Xochimilco.

Salimos por la lateral de Reforma para apreciar la palmera convertida en el árbol artificial más grande del mundo; el jefe de Gobierno no pudo ocultar su satisfacción y habló primero en inglés, enseguida en francés y concluyó en español: Obtuvimos uno de los récords Guinness. Fue gracias al apoyo de la compañía de refrescos Equis (omitió la precisión para no ser señalado como privatizador, aunque la mayoría de los servicios que ha contratado son particulares).

Ya en el Zócalo, pidió que bajáramos para apreciar la felicidad de los patinadores sobre una pista de hielo. Vean ustedes, nuestros niños pobres no tienen que ir a Nueva York para disfrutar de la nieve artificial, al tiempo que cantaba, como Bing Crosby, el tradicional tema Blanca Navidad. Un turista poblano preguntó si el gasto de agua en playas artificiales y pistas de hielo no era motivo de preocupación en una ciudad tan poblada y con serios problemas. Desde luego que no, repuso Marcelo con agudeza. La gente prefiere ser feliz a beber agua contaminada y así me lo han hecho saber en Iztapalapa, a donde vamos enseguida para ver un intercambio de palabrotas entre Clara Brugada, mi amiga, y el Juanito, que se empeña en gobernar cuando le dijimos que no se lo tomara en serio. Algo más, los techos de las cabañas alpinas no tienen nieve, es pintura blanca, lo que ahorramos en agua lo gastamos en pintura.

El recorrido incluye 20 plantones, cinco marchas, se detiene en el Eje Central y la Alameda para ver la manera en que ha contribuido a frenar el desempleo que produce Calderón, a través de la creación de puestos ambulantes de mercancía pirata. Tenemos ambulantes por toda la ciudad y así no hay desempleo, sólo piratería, con gastos tremendos, pero eso es problema del gobierno federal. En la Alameda, Ebrard permitió que la gente tomara fotos y comprara artesanías mexicanas hechas en China. Regresamos al punto de origen, satisfechos. No dejó de sorprenderme que Marcelo aceptara propinas.

Más info: http://www.cronica.com.mx/notaOpinion.php?id_nota=474042