23 Apr 2010

El PRD y sus complicidades (III)

CRÓNICA                                René Avilés Fabila (Opinión)                        23/04/10

El PRD no sólo tiene profundas y enormes redes de corrupción interna que lo dividen en mafias. También ha sabido tejerlas con otros partidos y funcionarios ajenos a su propia estructura. Si uno imagina que las alianzas con el PAN y elementos del gobierno federal sólo se dan fuera del DF, es un error. Así como existen alianzas sólidas en Oaxaca, Puebla o Hidalgo, en la ciudad capital también coexisten. En ningún caso son ideológicas o para enfrentar a su común enemigo el PRI. Son vinculaciones de corrupción. El ya famoso caso de la gasolinería en Insurgentes de los dueños del restaurante Enrique y que iniciaron gestiones con Guillermo Sánchez Torres. Una edificación que viola multitud de normas y que ha enfrentado a los vecinos con la delegación de Tlalpan, con el aval de Pemex, prueba que de pronto también hay afinidades entre los en apariencia distanciados funcionarios del gobierno de Felipe Calderón y los perredistas.

Si bien los responsables de esa gasolinería son los funcionarios de la delegación Tlalpan, en este caso no es complicado ver la indolencia de Pemex o, tal vez, su corrupción. Los habitantes de Residencial 2 de Tlalpan, los principales afectados por la eventual gasolinería, han dado una larga lucha que incluso los ha llevado a gastar parte significativa de sus recursos por proteger su patrimonio frente a la grosera prepotencia de un millonario restaurantero que ha llegado al límite de demandar “por daño moral” a quienes osan enfrentar su voracidad. La pugna, en principio, era contra de la podredumbre de los funcionarios de Tlalpan, a los que se ha sumado Jorge Talavera, obsesionado por poner su gasolinería a un par de calles de donde existe otra desde hace muchos años. La tratan de instalar en una zona complicada y llena de edificios habitacionales, hoteles de paso y hasta escuelas confesionales, que hace difícil la salida del DF a Morelos y Guerrero.

La desesperada lucha que dan los residentes del conjunto de edificios, más de cien familias, los ha llevado a tocar todas las puertas posibles. Una de ellas es la de Pemex: ¿por qué autorizó una gasolinería en un sitio incómodo para quienes transitan por Insurgentes hacia la carretera a Cuernavaca, saturada, peligrosa para quienes viven alrededor y que no sólo incumple con por lo menos cuatro leyes y reglamentos, sino que hay documentos falsos, a pesar de que la construcción de la gasolinería fue autorizada por las autoridades tlalpenses? ¿Fue indolente al conceder la autorización o de plano hay algún tipo de complicidad?

Pemex afirma que todo está en regla, pero añade que no hizo ninguna investigación al respecto y que dio por buenas las autorizaciones requeridas. Por tal razón, los vecinos inconformes se han dirigido a altos funcionarios de la paraestatal, a Juan Marcelo Parizot Murillo, gerente de Ventas a Estaciones de Servicio, haciéndole notar las anomalías y demandándole que, por respeto a la legalidad, evite la instalación de esa gasolinería. Le marcaron copia del pormenorizado documento que explica la situación que padecen los vecinos de esa zona de Tlalpan, a Lucía Villalón Trujillo, responsable del Órgano Interno de Pemex y a Alfredo Rivera Vázquez del área de Quejas, entre otros.

A primera vista se antoja desmesurado imaginar que exista un complot contra los quejosos, que entre los distintos niveles de gobierno de la ciudad capital y los del gobierno federal, pues hay incomunicación debido a las pugnas políticas y a la negativa del PRD del DF en reconocer como presidente legítimo a Felipe Calderón. ¿Será verdad o una suposición basada en el silencio de las autoridades de Pemex? En apariencia sí, pero no olvidemos que si ambas fuerzas, de apariencia antagónica, han logrado formar una alianza para enfrentar a los “caciques” del PRI, ¿por qué no hacerla para apoyar la suciedad de Tlalpan?

Los vecinos de Residencial 2 de Tlalpan prácticamente han agotado sus recursos. En vano se han dirigido a Marcelo Ebrard (oh ingenuidad) y a las dependencias responsables de proteger a los capitalinos. Nada ha funcionado, salvo un plantón en pleno Insurgentes que, aunque el gobierno capitalino utilizó la violencia para desalojarlo (la que no usan cuando los manifestantes son suyos), consiguió la suspensión temporal de la gasolinería.

Por lo pronto, Higinio Chávez y otros funcionarios se defienden, hacen valer el peso del PRD capitalino para que no les toquen su coto de caza: Tlalpan. En esta larga pugna, que afecta a miles de ciudadanos, donde es clara la corrupción y la demagogia, recuerdo que recibí un desafortunado correo de un empleado tonto de Sánchez Torres. Era una elegía a la estupidez, saturada de insultos en mi contra, y concluía diciendo: “Hemos ganado y vamos por más”. En efecto, la delegación sigue en sus manos y Sánchez Torres logró llegar a la ALDF, pero su votación disminuyó de manera notable. Eso quiere decir que por fortuna para una agobiada delegación, estos tipos están a la baja.

(Si desea buscar datos sobre la corrupción en Tlalpan, vea las siguientes páginas: http://www.reforma.com/libre/offlines/observatoriodegobierno_web/perfiles/40.htm y