3 Feb 2010

El plantón del SME y Marcelo

CRÓNICA                       René Avilés Fabila (Opinión)              03/02/10

Hasta hace unos días, Marcelo Ebrard, dueño del Zócalo, permitía que todo acto opositor al gobierno de Felipe Calderón se llevara a cabo. Para colmo, fue capaz de retirar la feria del libro que cada año se lleva a cabo para que los electricistas fueran gozosos a insultar al presidente en una lucha que irremediablemente está perdida. Ante el asombro de los organizadores y las empresas editoriales que participaban, Ebrard les pidió que retiraran su feria (total, son libros) para dar paso al malestar de electricistas. Pero a partir del sábado pasado, no más complacencias.

La explicación, sin duda, está en la lucha por la silla presidencial. Aunque no lo crean, el buen Marcelo imagina que podría ser al menos candidato por el PRD. No sólo ello, tampoco puede seguir la aburrida política contra el ilegítimo Calderón cuando su partido, el PRD, y el PAN han hecho las paces para formar alianzas en distintos puntos de la república y echar a los caciques. Formalizaron la relación en Durango.

Pero, cuidado. López Obrador, que estaba más o menos callado, acaba de declarar que tiene aspiraciones renovadas para ser candidato presidencial por la tríada PRD, Convergencia, PT. Eso nadie lo pone en duda, ya una vez tocó las puertas del Paraíso y San Pedro, en su infinita misericordia, estuvo a punto de abrírselas. ¿Dónde quedan las ambiciones de Marcelo? De lado. AMLO tiene dentro de esta tendencia el mayor peso. Así que de nada le servirá poner tranvía en el Centro Histórico, ni pistas de hielo, obras tan costosas como inútiles, su carrera se acabará cuando deje la jefatura del gobierno capitalino. Hasta allí llegó. Dudo mucho que en el PAN o en el PRI (alguno de ellos triunfará) quieran en su gabinete a un hombre que ha sido el perfecto ex: ex priista, ex salinista… Estoy seguro que tarde o temprano será el mejor de los ex obradoristas. Podrá tener una senaduría o diputación, algo semejante a lo que ha conseguido Muñoz Ledo para seguir incrustado en el sistema y gritar con pleno exhibicionismo.

Lo que resta del SME, otrora sindicato poderoso que, como todos en México, llegó a la corrupción y al gusto por manejar cuotas de poder, está desesperado. Si antes consultó su llegada al Zócalo con Marcelo, ahora ni siquiera tuvo la cortesía de decirle que se quedaría con la mitad de la horrible plancha de cemento. La que antes servía para los festejos cortesanos al presidente de la república y que ahora cualquier grupo de inconformes la hace suya convirtiéndola en un muladar. ¿Cuánto tiempo estará allí el SME antes de enterarse que fue noqueado en el primer round? Olvida que sus mejores aliados están ocupados cortejando al partido del villano Felipe Calderón, cuya cabeza querían. Como resultado, el SME se ha quedado solo. Los demás sindicatos, todos charros y corruptos, terminarán por liar sus bártulos e irse a donde mejor los traten, antes que sus agremiados se percaten de los muchos años que llevan sus dirigentes y lo que obtienen por ello. Los líderes del SME no calcularon el peso del Estado, algo como lo que, en un escenario muy diferente, le pasó a La Quina. Todos los charros sindicales, sean de uno u otro signo, desean emular a Fidel Velázquez. Eternizarse es la consigna, hasta que alguien los detiene.

Dudo mucho que los perredistas logren conservar el control férreo de la capital. Su poderío disminuye en la misma medida en que crecen sus niveles de corrupción. Aquí no es la frase de sálvese quien pueda, sino llévense lo que puedan antes de que el PAN llegue. Cada día que pasa salta pus donde se apriete. Hoy tenemos el caso del bar Bar, que nos permite confirmar que nada en la capital está dentro de los cauces de la legalidad y que los dueños de bares, tugurios, antros y cantinas hacen lo que les place. Y digo PAN y no PRI, porque estoy seguro que el DF se quedará en sus manos, mientras que el PRI se llevará Los Pinos, sin importar alianzas, coaliciones y demás conjuros. Podrá perder algunos estados, no el principal puesto de México.

Por lo pronto, Marcelo no podrá disponer libremente del Zócalo, a lo sumo puede rogarle al SME que se comprima, al fin que ya no son tantos. Lo correcto sería que el jefe de Gobierno gobernara con inteligencia, respondiendo a las necesidades de la población capitalina y no como reacción de sus caprichos, ocurrencias y gustos muy personales. Ningún capitalino es culpable de que no haya bailado en sus 15 años o que sus papás no lo llevaran a patinar en hielo a Nueva York o al menos a nadar a Veracruz. Si quiere ser candidato presidencial pasando por el cadáver insepulto de AMLO tendrá que ser sensato. ¿Es mucho pedir?

Más info: http://www.cronica.com.mx/notaOpinion.php?id_nota=485351