El D.F., en caída libre
(...) Si antes recorrer sus calles era un placer, hoy son realmente peligrosas y la infinita cantidad de vendedores ambulantes le resta no sólo belleza y dignidad, sino que contribuye al malestar. Las calles están en sus manos, operan sin ningún control, ni siquiera el Metro está a salvo de la plaga. Las autoridades capitalinas se limitan a los discursos y fieles a la técnica de repartir dádivas, total, el dinero no es suyo y sirve para atraer votos ingenuos que le permiten seguir tejiendo redes de complicidad política a los perredistas. (...)
(...) la ciudad es un muladar sin solución. Aparte de que los rellenos sanitarios de la capital están saturados, existen tiraderos clandestinos asimismo saturados. La enorme cantidad de aguas negras que el DF produce, cada habitante genera kilo y medio de basura diariamente. Añadamos el altísimo número de habitantes y, desde luego, la carencia de educación ciudadana. La arrogante capital de México es, pues, una inmensa cloaca con pésimos servicios públicos, incapaz de separar las aguas grises de las negras, de aprovechar las lluvias para su reciclaje, con pésimo sistema de transporte público y un Metro que resulta incapaz y deficiente, viajan tantos pasajeros como vendedores llamados vagoneros, uno tras otros, cientos, que hacen el recorrido insufrible. Entre tanto problema, aquellos que pueden, y que son muchos miles, se refugian en los centros comerciales y allí de alguna manera algo gastan. Su éxito es total aun en zonas de bajos recursos. Es lamentable que en plena crisis, con una ciudad que ya no es fácil recorrer debido a los plantones y a las marchas que son cotidianas e imposibles de controlar porque sencillamente las organiza o apoya el gobierno capitalino, la gente recurra a esos centros de consumismo puro en busca de distracción, quiérase o no, algo despilfarran en cosas superfluas. Pero eso sí, el PRD habla de cambios y profundas transformaciones. Demagogia pura. Le importa el poder, nunca el bienestar ciudadano. (...) La capacidad de mentir de Ebrard llega al límite cuando por decreto dice que el largo Eje Central “está libre de contaminación, cero emisiones”. ¿Los coches, que por millones lo recorren, son eléctricos? ¿Y éste es el hombre que aspira llegar a Los Pinos? El cuadro se redondea con la intensa corrupción y el pésimo gobierno que en cada delegación padecemos, salvo uno o dos casos, las cosas van cada vez peor. La ciudadanía tiene que organizarse para frenar los excesos de los gobernantes o para exigirles que hagan las obras adecuadas. Si llueve, la ciudad se inunda, si no llueve, padecemos sed. ¿A alguien se le ocurre reparar fugas de agua potable o está haciendo campaña para educar a los capitalinos y evitar el desperdicio? En cada calle hay miles de tipos lavando coches con agua potable robada de alguna toma pública o puestos de comida callejeros sin licencia, que se cuelgan de los cables de energía eléctrica ante la complacencia de las autoridades. ¿Cual es el destino de la ciudad capital, con una Asamblea Legislativa de incapaces, corruptos en serio, que su primera gran idea es ampliar los horarios de los antros para que los jóvenes beban a gusto? De seguir el PRD en el poder el capitalino no será el más feliz. El DF vuela hacia la catástrofe.


