5 Apr 2010

El absolutismo en el D.F.: el caso del agua

CRÓNICA
René Avilés Fabila (Opinión)
05/04/10

El DF no ha podido deshacerse del caudillo, del tirano que lo gobierna con poder absoluto. En estos días, cuando los dirigentes y los partidos políticos alardean su condición democrática, su “vocación de servicio”, Marcelo Ebrard, heredero de los peores defectos del PRI, su antiguo partido, da pasos para consolidar su fuerza y manejar a placer a la ciudad capital. Para ello ha maniobrado, busca tener no sólo la Asamblea Legislativa bajo su control también a los delegados y así llegar a las elecciones presidenciales siguientes con la mejor posición dentro del PRD.

Un ejemplo de esa prepotencia y de la ideología clasista del PRD es el caso de las nuevas tarifas de agua en donde los aumentos van del 12 hasta el 600%, de acuerdo con criterios más políticos que sociales. No podemos permitir que en el cobro del suministro de agua, que cuesta igual para todos, haya tarifas diferentes para distintas “clases” económicas o, peor, políticas. Debe pagar más el que más consuma.

A las 54 mil manzanas del DF las clasificaron en seis tarifas de agua: alta, media, baja, popular, cuota fija y gratuita. ¿Por qué tomaron esta decisión? No está claro y es tan arbitraria que el PRD reclasificó ocho mil manzanas para quedar bien con sus grupos clientelares. En esta ciudad, donde la escasez de agua es normal, nadie puede estar en contra de pagar más para mejorar la infraestructura hidráulica. Pero con este sistema tarifario, clasista, lo que está haciendo Marcelo Ebrard no es sólo anticonstitucional, sino una estupidez, pues su clasificación está hecha con las patas, al partir de supuestos erróneos. Pensar que en una manzana vive gente del mismo nivel económico es no conocer la ciudad ni a los ciudadanos. Cómo definir a una viuda, anciana, enferma sin pensión que vive en condiciones de pobreza en una casa en una manzana que se clasifique como “alta”, o a un burócrata jubilado con una pensión oficial, en buena salud, trabajando en la economía informal, con un ingreso adecuado para vivir, pero que habita en una manzana que se clasifique como “baja”.

En el cobro de servicios no es posible, por más que el PRD odie a los ricos, tratar de hacer una redistribución del ingreso. Eso lo hace en la recaudación de impuestos: paga más quien más ingresos tiene. Pero en cuanto a servicios el costo debe ser el mismo, de acuerdo al consumo. Si este sistema clasista fuera la tónica para cobrar servicios, al rato un BMW que vaya a verificar su coche pagaría más que un Nissan.

Pero lo más grave del asunto es que estas tarifas, además de mostrar la ideología revanchista y rencorosa, tiene fallas garrafales: Cómo es posible que Villa Olímpica haya sido clasificada como “alta”, cuando algunas manzanas de Jardines en la Montaña (donde vive el diputado perredista Guillermo Sánchez Torres) y de Condominios El Bosque (fraccionamientos de los más caros del sur) están clasificadas como “baja”, así como el Hotel Radisson. Se trata igual a los desiguales y trata desigual a los iguales. Ésta es una de las grandes contradicciones de su sistema tarifario para el cobro del agua.

Efectivamente es deplorable que sean los más pobres los que paguen más por el agua. Pero ¿de quién es la culpa? ¿Por qué este rezago en el desarrollo de la infraestructura hidráulica? La culpa es de las autoridades, no de los ciudadanos. Si la infraestructura no existe es porque no la construyeron. Porque prefieren gastar en roscas de reyes y bailes de quince años y hacer pistas de hielo y playas artificiales, en lugar de crear una red hidráulica adecuada.

El DF se ha convertido en una ciudad donde la ley y las tarifas se aplican según se le antoja a Ebrard pasando por encima de la Constitución misma y de los derechos ciudadanos.

La escasez de agua es general en toda la ciudad debido a la proliferación de construcciones ilegales como escuelas, comercios, cientos de condominios horizontales que pagan tarifa de casa única ($120), y edificios sin pensar en la cantidad de agua que todas esas construcciones requieren. El agua es el recurso que debe frenar el crecimiento desordenado para beneficiar sólo a desarrolladores inmobiliarios a quienes protege Ebrard.

Estas tarifas se hicieron así porque sólo el 40% tienen medidor y existen cientos de construcciones que tienen un medidor que no sirve. El caos es debido a que no hay ni un padrón ni un control sobre la infraestructura actual. Antes de hablar de incrementos tarifarios de cualquier tipo se debería arreglar todo el cochinero que hay en este tema del agua, invertir en infraestructura y eliminar la corrupción. Es necesario que todos los consumidores paguemos lo que consumimos de manera proporcional y equitativa: un metro cúbico de agua en promedio cuesta lo mismo para todos los ciudadanos y no debe tener un precio diferenciado.

De no hacerlo así, seguiremos con una política populista de aplicación discrecional de la ley en beneficio sólo de quienes viven fuera de ella, y en detrimento de la sociedad en su conjunto.

Más info:  http://www.cronica.com.mx/notaOpinion.php?id_nota=498765

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