No cabe duda: el poder enferma y el poder absoluto enferma más. Para prueba tenemos las tres iniciativas que acaba de enviar Marcelo Ebrard a la Asamblea Legislativa. Una de ellas es la iniciativa de Ley de Desarrollo Urbano, la cual no sólo rebasa las atribuciones del Jefe de gobierno, sino que es dictatorial, indigna de un tipo que pretende ser de izquierda. Todos los asuntos relacionados con el desarrollo urbano de la ciudad recaen en una sola persona: Ebrard. Y sepulta cualquier esquema de participación ciudadana de la que tanto se han jactado los perredistas. De ser aprobadas tales leyes por la Asamblea Legislativa, Marcelo dejará de ser un simple jefe de gobierno para ser un dictador en toda la extensión del término. Será Marcelo I, su Alteza Serenísima.
Se trata de normas que resultan anticonstitucionales, que de ser aprobadas como Ebrard pretende, tanto el espacio público como la propiedad privada quedan a su arbitrio, puede disponer de ellas y decidir qué se hace aquí o allá. Los legisladores del PAN calificaron esta propuesta como retrógrada y dictatorial por la pretensión de Ebrard de quitar facultades a la Asamblea Legislativa en materia de modificaciones al uso del suelo sin consultar a este órgano colegiado. Aquí está el dinero y por tanto la corrupción.
La Ley de Participación Ciudadana, fue aprobada por la
ALDF, y a posteriori hicieron consultas, con mayoría de empleados delegacionales, por lo menos en
Tlalpan, para que avalaran normas de hecho impuestas. Todo esto es un perverso juego que pretende cooptar a los consejeros “ciudadanos” y que aprueben lo que los delegados y Ebrard quieren: cambiar y modificar la urbe a su antojo, obteniendo fuertes sumas de dinero por ello. Desde que el
PRD llegó al DF ha hecho lo que le ha dado la gana sin tomar en cuenta las necesidades de la población. Un ejemplo que he citado aquí mismo es la construcción innecesaria de una gasolinera en Insurgentes Sur o en otras zonas la autorización instantánea de modificaciones, según los intereses de las autoridades y sus distintos niveles de corrupción asociados al cambio del uso del suelo.
Diversas agrupaciones civiles han protestado con firmeza en contra de los abusos y excesos de Ebrard, a quien resulta imposible imaginar en Los Pinos más que haciendo antesala. Ven en esta iniciativa anormalidades, cito algunas: 1, Rebasa las atribuciones que tiene. 2, Interviene en la esfera de competencia de otros poderes, en este caso de la ALDF. 3, Concentra en una sola persona el poder de decisión y planeación del DF, sin considerar a la sociedad civil y a los poseedores de predios. 4, Anula los derechos cívicos de la ciudadanía. 5, Promueve la inseguridad y pone en riesgo la protección civil. Consideran que algunas de las reformas de Ebrard son particularmente graves, destaco una: “Las disposiciones administrativas que emita el Jefe de Gobierno podrán determinar y modificar áreas de actuación o zonas de intervención, así como sus objetivos y políticas fiscales específicas para cada una de ellas”. Al respecto, las organizaciones ciudadanas advierten que de ser aprobadas dichas reformas, a Ebrard se le concederán poderes absolutos sobre la Ciudad de México.
Ahora bien, la pregunta es para qué necesita Marcelo poderes de monarca absoluto. Le restan menos de tres años en el DF, sus intenciones son ser candidato presidencial por el PRD. Está con ello anticipando, dándonos una muestra de sus necesidades
egocéntricas y de dictadorcillo. ¿No es un error político? ¿Para qué someter a su total voluntad al DF? Las cosas han llegado al extremo de que el PAN, partido aliado suyo en más de una entidad federativa, proteste en la Asamblea Legislativa. Los diputados panistas Sergio Eguren y Giovanni Gutiérrez, ambos capitalinos, han afirmado que la pretensión de Ebrard es quitarle facultades a la ALDF para manipular a su antojo, entre otras cosas, el uso de suelo, autorizar la instalación de bares y antros, destruir zonas boscosas, etcétera. Asimismo intenta someter a los vecinos al
anular prácticamente los Programas de Desarrollo Urbano.
Si Ebrard fuera un demócrata convencido, otra sería su actitud, pero ahora lo vemos jugando a la monarquía absoluta, maniobrando para doblegar a propios y extraños a su peculiar estilo de gobernar.
La ciudad capital es un caos. Acabamos de comprobarlo una vez más. Las lluvias inesperadas mostraron que el gobierno capitalino se ha desinteresado por los grandes problemas como son las inundaciones, la falta de agua potable, la inseguridad, la recolección de basura, etcétera. En cambio le ha dado prioridad a los espectáculos frívolos, en una
política de puro circo.
Realmente Ebrard tiene un fuerte control sobre la Asamblea Legislativa, como la tuvo AMLO, y ambos la han manipulado para sus propios proyectos personales. La única solución radica en establecer un
contrapeso ciudadano. De lo contrario, antes de que los perredistas se vayan del DF en 2012, la dejarán en los puros huesos o en ruinas, para ser más directo.