25 Oct 2010

Ebrard impone la Supervía Poniente para el nuevo mercado de bienes raíces Biometrópolis en Tlalpan?

 EL UNIVERSAL                        Andrés Lajous                     22/10/10

El Gobierno del DF en diciembre del año pasado anunció la construcción del proyecto Biometrópolis -Ciudad del Conocimiento- al borde del Ajusco. El proyecto consiste en centros de investigación de biotecnología, hospitales, comercio y vivienda de lujo. Los promotores dicen que el proyecto será “sustentable”. Tendrá 38 hectáreas de estacionamientos subterráneos –que se supone permitirán la recarga del acuífero– para los casi 16 mil coches que esperan entren al desarrollo. Como todo proyecto arquitectónico, en el que se invierten grandes cantidades de dinero, las maquetas son espectaculares. En los videos que lo promocionan, se ven médicos que analizan cerebros en Ipads y pantallas gigantes mientras tienen videoconferencias internacionales. No hay basura, ni tráfico, ni plantas secas, ni inseguridad. Norman Foster (el arquitecto responsable), el GDF, Sam Pitroda y Grupo Frisa, se aventuran a decir “Con Biometrópolis, se articulará y potenciará... un avance cuántico en el desarrollo tecnológico a nivel mundial”. Sin duda, su ambición es cosmopolita.

Con los escuetos planos públicos del proyecto es difícil saber cuál será su impacto en el resto de la ciudad (i.e. en el valor de la tierra) y en la vida de sus habitantes. De lo que no hay duda es que habrá un nuevo mercado de bienes raíces, promovido con gran optimismo, en el sur de la ciudad con todo lo que ello implica (me encantaría ver las maquetas y anuncios originales de Santa Fe). Sólo así se explica la urgente “necesidad” de la que habla el GDF cuando subsidia el proyecto (El Universal, 08/10/10) e impone  la Supervía. Por algún lugar tendrán que pasar esos 16,000 coches. 

En un interesante artículo, “Contra la idea de México” (Nexos, 06/10), Mauricio Tenorio usa como ejemplo a seguir a los arquitectos Oscar Niemeyer y Lúcio Costa que aventuraron una imagen nacional cosmopolita de Brasil en la Exposición Universal de Nueva York en 1940, con un proyecto estilístico que resultó en la construcción de Brasilia. El ejemplo no podría ser más desafortunado. Brasilia, hoy, no es una ciudad en la que muchas personas quieran vivir. O por lo menos no en la parte diseñada por estos arquitectos.

Al construir la ciudad, que aspiraba  tener un diseño perfecto, no pensaron en la vivienda para quienes la habían construido, se tuvo que negociar el establecimiento, a las afueras, de viviendas para los exalbañiles, y con los años quienes tienen dinero se han construido sus suburbios que nada tienen que ver con la imaginación aplicada de Niemeyer y Costa. Cuenta James C. Scott, que 20 años después de su construcción 75% de los habitantes de Brasilia vivían en la parte no planeada.

Los visitantes de Brasilia hoy describen lo sorprendente que es que no hay “esquinas”, no hay bullicio, y para conseguir un café uno tiene que aventurarse a un desierto urbano que se pensó para coches. Incluso hay un término que se usa para describir “la depresión” que causa el aislamiento del diseño monolítico: brasilite (“brasiliaitis” –le dice Scott. Quienes trabajan o estudian en edificios diseñados por Teodoro González de León describen un sentimiento parecido –frío–).

Hay pocos ejemplos de proyectos construidos de la magnitud de Brasilia alrededor del mundo. En parte, se debe a que se necesita de cierto autoritarismo para poder pagar los costos de hacerle tanta violencia a la cotidaniedad. Le Corbusier intentaba construir sus fantasías con el apoyo de regímenes autoritarios, ya que las democracias suelen ser poco amigables ante semejante imposición. Una muestra de ello, en México, es el fracaso del proyecto de Alberto Kalach, Teodoro González de León, y otros, “Ciudad Futura”, que era parte del aeropuerto de Texcoco. La presentación del proyecto empieza con la frase, “La ciudad es una gran obra de arquitectura” para después matizar que es una obra colectiva; aunque el diseño lo hacen ellos, no quienes la viven. Sin embargo, lo que ofrece y hace atractivo el proyecto de Kalach y González de León, es que a través de su obra habría, una “ciudad socialmente más justa” que “dará a la Ciudad de México la competitividad que requiere un mundo globalizado”. ¿Qué tal eso, cómo idea de México?

Más info: http://www.eluniversal.com.mx/editoriales/50336.html

                http://www.biometropolis.mx/

                http://www.informador.com.mx/tecnologia/2010/203550/6/foster-partners-construira-una-biometropolis-en-mexico.htm

                http://www.milenio.com/node/449160