DF: de lluvias y prioridades urbanas
Restos del antiguo Acueducto de Chapultepec, cerca de Metro Sevilla. Foto: abstractatus.com
Sí es posible recuperar la sustentabilidad hídrica del DF. El agua regresa al acueducto. Al momento de la granizada sobre Avenida Chapultepec a la altura del Metro Sevilla, el acueducto volvió a funcionar--16/04/11. Foto Elizabeth Monroy para REFORMA
CRÓNICA Juan José Huerta 22/04/11
Las recientes inundaciones con aguas negras, “debidas a lluvias atípicas”, en diferentes partes de este Valle de México, y la contumacia del gobierno del DF en continuar obras que constituyen verdaderos atentados contra la ciudad, como el segundo piso del Periférico y la Supervía Poniente, demuestran con claridad cómo se han trastocado las prioridades de la administración urbana, cómo se sigue comprometiendo el futuro de la ciudad y, lo peor, la incapacidad de los habitantes de esta capital para detener la depredación de que están siendo objeto por parte de autoridades que no trabajan por el interés general.
Fuertes lluvias en esta época debieran ser consideradas una bendición en una ciudad como la nuestra ávida de agua; pero no, se convierten en un gran castigo para miles de personas que sufren la pérdida de sus bienes anegados por pútridas aguas. Explicaciones hay muchas: que la lluvia fue atípica, que se arrojan toneladas de basura a ríos y drenajes; que no hubo monitoreo ni mantenimiento; que hubo fallas en el suministro de energía eléctrica para el bombeo del drenaje. Todas pueden tener algo de verdad, pero lo básico es que en la Zona Metropolitana del Valle de México no se ha implementado un sistema sustentable de manejo de agua a pesar del riesgo inminente de una gran crisis, ya sea por escasez del líquido o por severas inundaciones.
He abordado varias veces el tema pero es necesario insistir en el mismo ¿Cuál es el sistema que se mantiene sin cambios en lo esencial desde hace decenios?: extraer con exceso las aguas del subsuelo para cubrir en dos terceras partes la demanda de agua potable en el Valle; permitir, y en ocasiones alentar, la creciente ocupación de los suelos de reserva para recarga del acuífero o agrícolas, y no detener efectivamente la tala de bosques en los cerros de los alrededores, con lo que ha disminuido fuertemente el nivel de las aguas en esas reservas del subsuelo, ya que se extrae dos veces más de lo que se recarga; traer de fuentes externas, situadas al menos mil metros más abajo de la ciudad, el agua necesaria para atender la tercera parte restante de su demanda; no desarrollar sino muy escasamente la infraestructura para captar y aprovechar las inmensas cantidades de agua de lluvia que aquí caen anualmente, y más bien continuar con la práctica centenaria de construir costosas obras de drenaje… para sacar esa agua del Valle, ya no tan sólo por gravedad sino mediante bombeo, mientras que son muy escasos los esfuerzos para reciclar el agua dentro de esta cuenca y para alentar el uso racional del vital líquido.
Y este esquema seguirá; todavía después de las inundaciones de esta semana, el jefe de gobierno Marcelo Ebrard declaró: “nuestra ciudad tiene muchos riesgos; el principal sería una falla en el Sistema de Drenaje Profundo y eso no ha ocurrido y nos hemos dedicado cada año que trabajamos a que no ocurra”. O sea, a seguir sacando el agua escasa del Valle, con riesgos como taponamientos o fallas en el bombeo y más inundaciones.
¿Que sería muy costosa la infraestructura para asegurar la recuperación del agua llovediza, mediante presas o pozos de absorción, grandes cisternas subterráneas y medios de captación en casas y edificios con sistemas de filtración y potabilización, una red de drenaje específica para agua de lluvia? Por supuesto, pero el objetivo justificaría el esfuerzo y, también, el mayor aprovechamiento del agua de la propia cuenca reduciría la necesidad de inversiones cuantiosas para traerla de otras fuentes o para el Sistema de Drenaje Profundo que expulsa las aguas negras.
Y es aquí donde las gigantescas obras viales que impulsa el gobierno del DF, como la Supervía Poniente o el segundo piso del Periférico, no resisten la comparación con la infraestructura para el aprovechamiento racional del agua en cuanto al beneficio para la sociedad capitalina y la sustentabilidad a largo plazo de esta urbe, con inversiones que muy probablemente serían similares. Los especialistas señalan, y la experiencia disponible aquí lo comprueba, que los viaductos elevados solucionan sólo temporalmente la congestión vehicular en las zonas donde se construyen, pero que poco tiempo después, al atraer más usuarios, son presa de los embotellamientos y de la congestión del flujo en sus entradas y salidas. Más importante todavía, los viaductos elevados responden a un modelo de transporte que privilegia el uso del auto particular en demérito del transporte masivo, y por tanto exacerban el cambio climático, ese moderno flagelo que supuestamente el gobierno de nuestra ciudad tiene mucho interés en combatir.
Más aún, esos engendros de obras viales degradan la vida en la ciudad; los miles de casas y edificios a lo largo del Periférico tendrán permanentemente frente a ellos masivas estructuras que les taparan el sol y la perspectiva urbana y demeritarán su valor, y la región más transparente del aire será rebautizada como…
Pero el jefe de gobierno Ebrard presume estas obras y los 18 mil empleos que generan, pero no habla del contratismo rampante en que su administración descansa ni de la falta de transparencia en el manejo de las obras. En cuanto a los puestos de trabajo creados, sería bueno conocer si los contratistas cumplen en otorgar a sus trabajadores las condiciones laborales establecidas en la ley.
Por supuesto, esos mismos empleos, o más, podrían ser creados, con mayor beneficio social, en obras para el desarrollo urbano sustentable, como el abastecimiento y uso racional del agua. Propuestas no faltan; el arquitecto Jorge Legorreta aboga por “un cambio radical en las políticas hidráulicas de la cuenca del Valle de México…una política hidráulica integral que coordine las acciones de las autoridades tanto federales como del Estado de México y del DF” (entrevista en La Jornada, 21ab11). La ambientalista Julia Carabias ha referido el estudio de un grupo de investigadores de la UAM, coordinado por Elena Burns, titulado “Repensar la cuenca: la gestión de ciclos del agua en el Valle de México” (artículo “Cuenca del Valle de México”, Reforma, 24jul10).
Pero el gobierno del DF no se ocupa de esto; más bien, preferirá continuar con su proyecto de excavación de pozos de mil metros de profundidad para buscar agua fósil muy abajo en el subsuelo; y los canales de Xochimilco se pueden seguir secando; y los humedales de Tláhuac seguirán siendo objeto de un programa de rehabilitación, anunciado en enero de 2008, que no se concreta, y más bien continuarán siendo invadidos por la mancha urbana; la Sierra de Santa Catarina, hasta hace unos años tierra de sembradío, seguirá convertida en tiradero de cascajo y basura. El “nuevo modelo de gestión del agua”, anunciado por Ebrard hace año y medio, responderá, si la ALDF lo permite, a su estilo de gobernar a base de concesiones a grandes empresas. Ya sabemos que de este gobierno se puede esperar todo en esta dirección: hasta una calle puesta a la venta en la colonia Del Valle.
¿Qué y cómo tenemos que hacer los habitantes de esta urbe para parar esto?




