15 Aug 2011

Con la abusiva expropiación de Ebrard de toda la Col. La Malinche, don Luis perdió su casa, su trabajo y hasta la familia

A punta de tolete, granaderos corrieron hasta el último de los habitantes de la Col. La Malinche para demolerla para construir la Supervía Poniente en beneficio de los más ricos de Santa Fe.  Resignados y desolados vecinos contemplan las ruinas de su colonia de la que Ebrard no quiso dejar rastro--sólo estos documentos gráficos recordarán el antes y después de su crimen de lesa humanidad y ecocidio. Foto: Archivo y Google maps

CRÓNICA Por: Ruth Barrios Fuentes 15/08/11

Desde una azotea, Luis Campos observa los restos de la casa donde vivió por 45 años. Con un dejo de añoranza, afirma que los mejores años de su vida los vivió ahí: en un hogar cuyas paredes ahora son sólo escombro.  A casi un año de haber abandonado el inmueble para la construcción de la Supervía Poniente, asegura que su vida dio un giro de 180 grados; tuvo que cambiar de domicilio, empleo y se separó gradualmente de su familia.
Máximo Luis Campos tiene 61 años y hace trabajos de barnizado en madera. Hasta octubre del año pasado vivía con su ex pareja, dos de sus tres hijos y varios nietos en el número 26 de la calle Rosa Norte, en la colonia La Malinche, de la delegación Magdalena Contreras.

“Un día llegaron, así sin más ni más, a decir que nos iban a expropiar. Llegaron y nos dijeron ‘traigo papeles’, después trajeron a valuadores y eso fue todo. Nunca hubo una junta con los colonos, nada más llegaron y dijeron ‘aquí tengo este papel’”, platica desencajado.

Él no era el dueño del predio, sino su suegro. Fue su ex esposa quien decidió encargarse de todos los trámites; su familia se resistió al principio, pero después tuvo que ceder.  Para evitar conflictos familiares, su ex mujer repartió el dinero que la administración local pagó por el terreno; a Luis Campos le tocaron $100 mil pesos, cantidad que sólo le alcanzó para pagar el alquiler de un pequeño departamento y poner en marcha un negocio que finalmente fracasó.

Desde que se cambió de casa, dejó de ver a sus hijos y nietos porque ellos se mudaron lejos de la zona.  “Fue un cambio muy duro. Imagínate: solo, sin saber de nadie. Ni ellos [sus hijos] saben cómo estoy, ni sé cómo están ellos. Ahorita ya son como seis meses que no los veo”, relató.

Así como él, 51 familias fueron desplazadas. Algunas se fueron a vivir al interior de la república, pero otras más se quedaron en la ciudad para no perder sus empleos.