31 Jan
2011
CRÓNICA René Avilés Fabila 28/01/11
El intento de darle voz y presencia a la ciudadanía en el agobiado DF resultó, en buena medida, un fracaso debido a la intervención cínica del partido dominante: el PRD. No hubo delegado que no metiera las manos en el proceso para elegir comités ciudadanos. No creo que haya sido únicamente este partido, pero sin duda fue el que con mayor enjundia se entrometió. Donde quiera crearon sus propios comités y los disfrazaron de ciudadanos y donde no pudieron hacer mayor cosa, optaron por comprarlos utilizando fórmulas que parecían del pasado. No hubo alianzas de partidos, sólo cooptación ante el silencio de la segunda fuerza capitalina, el PAN. Me sorprende que mientras en Guerrero, faltando menos de una semana para las elecciones, el candidato del PAN descubra que su presencia es mínima, pero a cambio el PRD tiene un programa maravilloso, espléndido y decida regalarle sus escasas fuerzas para derrotar al PRI, con un candidato ex priista. Pero no, aquí en el DF, parecieran enemigos mortales. Tengo información proveniente de los medios acerca del descarado entrometimiento del PRD en la elección de los comités ciudadanos, pero como es normal, el grueso de la información la da mi delegación, Tlalpan, donde Higinio Chávez y sus jefes, Guillermo Sánchez Torres y René Bejarano, hicieron un trabajo que produce indignación por su bajeza. ¿Qué sentido tiene llevar a cabo un complicado proceso electoral, con altos costos, para engañar a la ciudadanía y finalmente que los recursos y el poder vayan de nuevo a manos de los políticos? ¿Qué pensará el IEDF? ¿En verdad es ingenuo o se trata de un organismo sutilmente perverso en un país degradado por los partidos políticos? Ya están los comités ciudadanos elegidos. ¿Qué sigue? La formación de un Consejo Ciudadano Delegacional que será votado el 31 de enero próximo. Este organismo saldrá de entre todos los comités ciudadanos triunfadores. En Tlalpan muchos vecinos honestos se lanzaron a la lucha. Buena parte de ellos fracasó por falta de recursos y porque no es fácil enfrentar a la maquinaria oficial. Allí todo empezó mal. Higinio Chávez organizó un viaje a Acapulco con aquellos susceptibles de trabajar con él y para él. Acto seguido los invitó a comidas para darles línea y que voten por su planilla. Es obvio el temor que estos personajes les tienen a los ciudadanos que no caen en sus trampas. La lucha ha sido, en esta sola delegación, intensa. Lo que quiere el delegado es un grupo dócil a sus deseos, que pida no transparencia y sí a cambio le permita seguir haciendo negocios. Se trata de gente que lucra con los recursos de los habitantes de Tlalpan, sobre todo de los más desprotegidos. Pero Higinio Chávez y los suyos no la tienen tan fácil. Hay comités ciudadanos que lo enfrentan y buscan tener presencia en la delegación para frenar los abusos, que desean claridad en las políticas y honradez en las tareas concretas. Uno de ellos denominado “Comités Organizados por Tlalpan” me hizo llegar un documento de protesta de donde extraigo algunos párrafos.
“Asumimos el deber de construir una nueva cultura política ciudadana. Nosotros no damos viajes a Acapulco, no entregamos dinero ni obsequios, no ofrecemos puestos de trabajo ni promesas de solucionar los problemas... Tenemos una moral distinta y la conciencia limpia. Luchamos por una sociedad independiente y capaz de participar activamente en las decisiones que afectan a la ciudad capital. En Tlalpan se ha llegado al límite de la impunidad y el descaro. La corrupción es visible y permanente. Son conocidos los métodos de cooptación y compra de voluntades, aprovechándose groseramente de las necesidades básicas de la población y de la complejidad de las leyes. “Tolerar esta desfachatez además de hacernos partícipes de la corrupción, es seguir cavando más profundo el pozo de la degradación en que nuestra sociedad se encuentra en la actualidad. Sería una pésima herencia para nuestros hijos enseñarlos a aceptar sobornos a cambio de nada, ya que es obligación de la delegación atendernos a todos por igual, tratarnos como personas decentes y cumplidas con nuestras obligaciones ciudadanas.” El documento no tiene desperdicio y hace un llamado a los coordinadores internos y en general a los habitantes de Tlalpan para que no se dejen atrapar por los ofrecimientos del delegado. No cambien su voto por obsequios, trabajen para sus vecinos, para todos los capitalinos. Sólo quieren decencia y decoro, no venderse y que las autoridades proporcionen información precisa sobre proyectos y obras que se realizan o se llevarán a cabo como la Supervía, el proyecto Biometrópolis, el centro comercial de Médica Sur, el Plan de Ciudad de la salud, estacionamientos subterráneos, construcción de edificios excesivamente altos, evitar el despojos de terrenos de particulares y buenos servicios públicos. Esto es, quieren transparencia y limpieza. ¿Es mucho pedir? Me parece que no, pero en esta delegación nos hemos acostumbrado al autoritarismo y sobre todo a los negocios turbios que llevan a cabo los delegados, sin que Marcelo Ebrard ponga freno. Temo que los ciudadanos serán de nuevo derrotados. Pero por lo que veo, el hartazgo se está haciendo visible. Quizá lo comprobemos en las siguientes elecciones.