18 Sep 2011

Ciudadanos y políticos, según Calderón

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EXCELSIOR Por: René Avilés Fabila    18/09/11

El presidente Abraham Lincoln fue un gran hombre y mejor estadista, logró vencer al atrasado y romántico Sur. Fue asesinado una vez que la paz reinaba, es decir, cuando EU comenzaba una buena etapa de su historia: sin esclavismo y el país unificado. Cuando Lincoln arrancó su dramática gestión presidencial, era uno, al ser acribillado, otro: su rostro mostraba las huellas del esfuerzo político y militar. Lo mismo suele suceder en México: los mandatarios terminan exhaustos, pero en ningún caso por la enorme pelea dada en beneficio del país sino por su escasa capacidad política y el nulo contacto con la población. Vivir bajo la presión intensa de las pugnas del sistema político nacional, no debe ser sencillo. Hay, pues, un antes y un después de habitar en Los Pinos.

Los mandatarios mexicanos al final de su administración no sólo muestran marcas de fatiga sino de incoherencia política. Luis Echeverría y José López Portillo son buenos ejemplos. También el actual Presidente ha entrado en una etapa de deterioro físico e intelectual. No debemos culparlo, en efecto, la política a la mexicana no es fácil de practicar, pero nadie lo obligó a ejercerla. En estas páginas, Ricardo Alemán señaló que la reunión de Calderón con 300 líderes ciudadanos importantes, sirvió para que el Presidente mostrara su mal carácter o el desgaste de quien lleva cinco años acosado: primero por los perredistas (más adelante sus complicados aliados), y ahora por la obsesión del retorno del PRI. Pero no puede decir, en lenguaje coloquial, que el aumento del precio de la gasolina irrita, "pero no daña el bolsillo de la gente". Es una contradicción. Tampoco un estadista pierde los estribos delante de los representantes de la sociedad civil que él mismo seleccionó, menos los regaña y a la defensiva responda absurdos: Si no les gustan los funcionarios y políticos, sustitúyanlos. ¿Cómo? No hay forma y él lo sabe. Yo quiero ser delegado de Tlalpan, frenar la inmensa corrupción del PRD, ¿qué hago? ¿Las leyes me lo permiten? ¿Me propongo sólo con mis vecinos o le pido a un partido opositor que me haga "candidato ciudadano"? ¿No dejaría de serlo al asumir sus colores? Soy profesor universitario, con ese modesto sueldo, ¿podré pagar los millones que exige una campaña? Ebrard, Cordero, Peña, Obrador, los tienen, ¿de dónde los saco? Entonces, ¿cómo diablos trato de sustituir a un pillo denunciado por propios y extraños, a Higinio Chávez? ¿Con apoyo familiar? Buscaré entre mis muchos alumnos para ver quiénes viven en Tlalpan y están dispuestos a trabajar gratis para suplir a un funcionario ladrón. Soy un capitalino que padece dos malos gobiernos: el de Calderón y el de Ebrard. Estoy, en suma, perdido por ambos lados. ¿Crear un partido? Camacho y Ebrard trataron de hacer uno, acabaron en el PRD.

¿Cómo ser político sin dejar de ser ciudadano? Es imposible. Cuando aquí hablan de esta metamorfosis cualquier politólogo sensato entra en pánico. Se es una u otra cosa. Si yo le pido prestado su registro al PAN, tendría que corresponder con algún juramento de lealtad a sus principios, pero resulta que no podría serle fiel a un partido en el que nunca he creído, mucho menos en los otros. ¿Voy al IFE y les digo a los representantes de la partidocracia que soy un ciudadano cumplido y sin partido deseoso de registrar mi candidatura para competir por Tlalpan, mi casa desde hace 35 años? Ni siquiera cruzaría la puerta.

Felipe, ha sostenido largas batallas contra distintas fuerzas y va perdiendo como lo demostraron Esparza y Ebrard en la negociación del Zócalo. El eventual triunfo de Peña Nieto lo obsesiona y de allí el control sobre el PAN. ¿Perderá sus últimos meses peleando contra molinos de viento o se concentrará en el país? Ah, cuando los ciudadanos se meten de lleno a la política, suelen hacer revoluciones para modificar el sistema.