Caminando con dinosaurios
La cargada es visible conforme al ritual mexicano impuesto por el PRI. Todos tratan de acercarse al gobernador del Edomex y a juzgar por los nombres que encontramos; ninguno es precisamente un bebé, tampoco son probos y justos: Rubén Figueroa Alcocer, Natividad González Parás, Miguel Osorio Chong… Suelen ir en la comitiva de quien no se va, sino está llegando, según la lógica del triunfalismo priista. Pero si esto es a nivel nacional, a escala capitalina, donde el PRD tiene ya un boquete que el PAN piensa ocupar, sólo suenan y resuenan los nombres de las mismas personas: Beatriz Paredes, María de los Ángeles Moreno, Rosario Guerra. Tal vez la novedad sea el aguerrido Cuauhtémoc Gutiérrez. Las encuestas al respecto indican que el PRI capitalino, sin ningún trabajo salvo el de sobrevivir, podría ganar especialmente si la candidata al GDF es Beatriz Paredes. Francisco Garfias precisó sobre el tema: “…se perfila como la candidata idónea. El bajo perfil que ha adoptado desde que dejó la dirigencia del PRI, le ha beneficiado. ‘Sube sin hacer nada’, observó Óscar Levín Coppel…” El diputado citado es alguien que se formó en el antiguo partido autoritario, ¿dónde está la impetuosa juventud que renueva y vigoriza al partidazo? Ah, en Enrique Peña Nieto y, enseguida, en él mismo.
Si el PRI ha recuperado terreno, se debe más a los errores garrafales de Fox y Calderón que a los aciertos de sus dirigentes. En el DF, la causa es asimismo evidente: la inmensa corrupción del PRD y sus pugnas entre mafias han provocado nostalgia por el pasado. Finalmente, todos los gobernantes capitalinos, salvo los designados, Alejandro Encinas y Rosario Robles, tienen origen priista. Cárdenas, Obrador y Ebrard, se formaron en el autoritarismo y la ausencia democrática. Imagino que ahora buena parte de los capitalinos prefiere a los originales y no a los renegados.
No logro ver los cambios profundos en el PRI; quienes hemos cambiado somos nosotros, la sociedad y los medios de comunicación, claro, no todos. Ahora, lo grave no es que el PRI sea manejado por dinosaurios, lo negativo radica en la terquedad por ser un partido conducido desde la cúpula, la que jamás recurre a las bases (de una inaudita lealtad, por cierto). Aunque esto es una costumbre generalizada en todos los partidos, no deja de mostrar que la forma de dirección es la misma que en tiempos de Salinas o de López Portillo: desde las alturas y los demás acatan las disposiciones. Hay una excesiva centralización. Hoy en día, la aparente modernización de los partidos políticos pasa por una multitud de tendencias y posturas que deben ser debatidas no sólo en la punta de la pirámide, sino en la base. Ello enriquece y permite la aparición de los líderes naturales. Aceptemos, para no entrar en problemas con quienes parecen regresar a Los Pinos, que tienen una apasionada juventud y bríos renovadores y que el único representante en tal sentido es Peña Nieto: un velocirraptor bebé, rodeado de tiranosaurios Rex desempleados.


